jueves, 30 de septiembre de 2010

La vocación en los primeros cristianos: la respuesta de San Mateo

“El Señor esperaba una respuesta pronta y generosa de aquel rico recaudador de impuestos. Y Mateo, al instante, le siguió”.
Íbamos hacia el mar... Y, como siempre, tú y yo detrás de Jesús. Caía el sol sobre aquel camino arenoso y tú querías descubrir, entre las pisadas de los que iban delante, cuáles eran las huellas del Señor.
Como niños pequeños nos entreteníamos en pisar las señales de sus pies, pisando sobre sus pisadas. Llenos de ilusión. Creíamos que, caminando así, hacíamos lo mejor. Cuando ya se terminaban las casas, vimos aquélla última, pequeñita, con la puerta mirando al mar. Delante, en fila rigurosa, estaban muchos judíos con bolsas de dinero en sus manos, oteando con mirada recelosa.. Jesús se ha parado un instante frente a la puerta de esta casita, mientras que los judíos alineados a la sombra le observan sin cesar.
Hemos llegado tú y yo, y miramos los dos, distraídos, los pies de Jesús, esperando que comience a andar para ser los primeros en pisar sus pisadas. De nuestro juego infantil, nos despertó la voz de Jesús, que dijo: - "¡Sígueme!"
Alzamos nuestros ojos del suelo y vimos que el Señor hacía a la vez señas con su índice a un hombre que sentado en el banco de los tributos le estaba mirando. Mateo miraba a Jesús con asombro; una interrogación se dibujaba en su rostro, como diciendo:
-"¿A quién es? ¿A mí?"
Pensando que la llamada era para él, sin mirar más, sin atender a toda aquella gente que aguardaba para pagar, sin contar los montones de dinero que estaban encima de la mesa, y sin cerrar siquiera la puerta de su casa, dejándolo todo como estaba, levantándose le siguió.
Los judíos de la puerta no comprendieron aquella locura: ¿por qué deja abandonado todo a una palabra de Jesús? ¿Por qué, al paso de Jesús, abandona con desprecio el dinero, que antes ambicionaba con tanto ahínco y afán? ¿A qué es debido ese cambio de conducta? Tú y yo entendimos que era uno más que se nos unía. Ya no perderá más tiempo ganando sólo dinero; dedicará su vida a andar por caminos de amor y de ideal, de heroísmo y de cielo, siguiendo a Jesús a donde quiera que vaya. Y por Él dejará también, un día, con su sangre, su vida.
Mateo no estropeó la elegancia de su entrega sin palabras con remilgos egoístas, como hubiera sido el poner en orden sus cosas, el recoger el dinero, el mirar para atrás cuando se acercaba a Jesús, dejando a sus espaldas las ilusiones de siempre. Y Mateo es publicano...
No es de los que se pasan la vida discutiendo si es bueno dar el décimo del perejil y de la hierbabuena, es más sencillo que todo eso, y por ello nunca ha sido visto entre los fariseos de su pueblo. No puede con esas hipócritas discusiones vacías, y cuando le ha llegado el momento, no ha dado el diezmo, lo ha dado todo, con un cambio radical de su vida.
A ti, que me escuchas, amigo, te diré: tú que le sigues jugando a pisar sus pisadas y conservando tu voluntad, sin haberla entregado, mira la actitud de Mateo. Muchas veces, tú y yo, hemos comentado la conveniencia de darnos del todo a Jesús, haciéndolo también sin palabras, y siempre me has dicho lo mismo, que más adelante, que también sin seguirle del todo se puede hacer mucho bien, que el Señor también quiere que haya recaudadores de tributos, que...
No es preciso que hablemos más, la conducta de Mateo es bastante elocuente. Y Jesús está pasando por tu puerta...
  Por J. GONZÁLEZ del libro "Caminando con Jesús" 
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viernes, 17 de septiembre de 2010

Oración por la Familia

Oh Dios, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra. Padre, que eres Amor y Vida, haz que en cada familia sobre la tierra se convierta, por medio de tu Hijo, Jesucristo, "nacido de Mujer" y del Espíritu santo, fuente de caridad divina, en verdadero santuario de la vida y del amor ara las generaciones porque siempre se renuevan.
Haz que tu gracia guíe a los pensamientos y las obras de los esposos hacia el bien de sus familias y de todas las familias del mundo.
Haz que las jóvenes generaciones encuentren en la familia un fuerte apoyo para su humanidad y su crecimiento en la verdad y en el amor.
Haz que el amor, corroborado por la gracia del sacramento del matrimonio, se demuestre más fuerte que cualquier debilidad y cualquier crisis, por las que a veces pasan nuestras familias.
Haz finalmente, te lo pedimos por intercesión de la Sagrada Familia de Nazaret, que la Iglesia en todas las naciones de la tierra pueda cumplir fructíferamente su misión en la familia y por medio de la familia. Tú, que eres la Vida, la Verdad y el Amor, en la unidad del Hijo y del Espíritu Santo.
Por Juan Pablo II
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viernes, 3 de septiembre de 2010

Destrucción de una Capilla en ritual satánico

Para orar protección por nuestros hermanos y hacer reparación ante el Señor y nuestra Madre. El pasado 14 de agosto por la mañana se produjo un hecho que conmocionó a la comunidad de la Segunda Compañía San Miguel, de la ciudad de Capiatá (Paraguay). Al ingresar al templo vieron el púlpito y las imágenes todas quemadas. Dentro del oratorio se realizó algún tipo de rito satánico, según denunciaron los vecinos y encargados de la capilla San Miguel, pues sobre la mesa encontraron la cabeza de la imagen de la Virgen de Caacupé, la Biblia, y casi ningún crucifijo quedó como cruz, según relata el diario Última Hora.
Algunos vidrios estaban rotos y una de las puertas laterales se encontraba abierta. Los responsables también intentaron ingresar por el techo, pues varias tejas se encontraron caídas, pero al parecer no pudieron, manifestaron agentes de la Policía. Los responsables dejaron varios dibujos que son atribuidos a prácticas diabólicas, señaló Hugo Vizcarra, lugareño. "Jesús fue arrancado de una de las cruces, y fue quemado boca abajo. Lo extraño de esto es que todo sucedió en un viernes 13", puntualizó.
Símbolos como estrellas de cinco puntas para abajo, entre otros. Por otra parte, reclamaron también la presencia de alguna autoridad eclesial, ya que desde el sábado se dio aviso de lo ocurrido al cura párroco de Capiatá, pero aún no recibieron respuesta personalizada. La plicía se comprometió a aclarar el hecho.
Según la Fiscalía, podría tratarse de un ritual satánico, ya que dos imágenes de la Virgen de Caacupé fueron quemadas y decapitadas, y otros elementos sacros fueron destruidos. Según el oficial Ceferino López, de la Comisaría 8ª de Capiatá, el hecho se habría producido entre el viernes 13 y el lunes 16 de agosto en el interior de la capilla San Miguel Arcángel, ubicado en la 2ª Compañía Costa Salinas.
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viernes, 27 de agosto de 2010

Entrevista a Juan Luis Guerra

¡Pobre Juan Luis Guerra!: está metido en un cuarto de hotel de donde entran y salen periodistas sin parar. Son las cinco de la tarde y el maratón arrancó a las diez de la mañana. Lleva así dos días seguidos, y él que es tan tímido. Pero hay que promocionar "A son de Guerra", su disco nuevo, en la Argentina.
Criado en un hogar de clase media progre de Santo Domingo, formado en Berkeley, con un paso por Filosofía y Letras, Guerra irrumpió en la música caribeña como un actualizador de ritmos dominicanos tradicionales, como la bachata.
A mediados de los ‘90, en pleno apogeo de "La bilirrubina", "Ojalá que llueva café" y "Burbujas de amor", Guerra desapareció. Un glaucoma lo estaba dejando ciego, quería tener un segundo hijo con su mujer y no podía, estaba mal anímicamente. Cuando volvió a los primeros planos, todo se había solucionado y se había convertido en un evangelista militante que actuaba como telonero del predicador Luis Palau, y en las escasas entrevistas que daba decía frases como “la música ya no es mi prioridad”.
- Decías que la timidez perjudica a tu carrera. ¿Y la religión?
- No creo. Mucha gente puede estar de acuerdo o no, pero no puedo avergonzarme de las cosas que Él me ha dado. Tengo que hacerlas públicas. Si tienes una buena noticia, sería egoísta esconderla. Eso fue lo que hice: propagarla, decir las cosas maravillosas que Él ha hecho conmigo y lo que puede hacer con todo el mundo que lo acepte. Sería egoísta de mi parte no hacerlo.
- Al principio algunos de tus colegas se burlaban.
- Claro, hay ataques. Pero siempre vienen ataques. Hasta con la música que tú haces hay gente que está de acuerdo y otra que no. La vida es así: hay pros y contras.
- ¿En qué quedó aquello de las prioridades?
- Empecé a poner en orden las cosas. Mi pasión sigue siendo la música, Dios me dio corazón de músico. Cuando escucho a Bach, Beethoven, Mozart, Brahms, siento algo especial, como cuando oigo un buen jazz de Charles Mingus. Músico es lo que soy, es lo que he estudiado. Y es mi pasión, pero sí empecé a darle un orden especial a las cosas, que antes no tenía.
- ¿Volvió a ser tu prioridad?
- Mi pasión. Así como los poetas ven poesía en todos lados, yo en todo veo música: en un atardecer, en un buen libro... Soy músico por excelencia. Tengo melodías en la cabeza, cualquier cosa me inspira.
- En este disco tenés algunas letras que suenan demasiado escépticas para alguien abrazado a la fe. En “Apaga y vámonos” decís “apaga y vámonos que es lo mismo, lo mismo otra vez/el mismo discurso, el mismo cliché” .
- Es que caramba, tenemos años y años de que las cosas van a cambiar y nunca cambian. Y al final digo: los hombres buenos, nobles, ¿dónde están? Pero es con optimismo: en realidad los hay, pero no salen.
- También escribiste “la política se viste de oro, plata y lino fino”. ¿No es una generalización peligrosa?
- Yo no le he compuesto esto a ningún político, sino al sistema. Pero mi intención no es politizar, sino que cambien las cosas. Si no, tendría un partido político. Pero no me interesa. Siempre digo que es difícil manejar una banda de 30 músicos, imagínate un país.
- ¿Te ofrecieron algún puesto?
- Indirectamente. Hubo partidos que me buscaron para que me vieran en sus actos. Eso hala votos, pero no me interesa tampoco.
- ¿Y cuando viniste con Palau?
- Porque yo soy cristiano y hago lo que el Señor me pide. Lo que no puedo es asociarme con gente con la que no comulgo.
- Pero Palau tiene un mensaje político en cierto sentido.
- Por eso mismo ya no lo estoy haciendo. No tengo nada contra él, pero mi propósito es mucho más grande. No es lo mismo hablar en una iglesia donde hay mil personas que decir en los Grammy “gracias Señor por tu  bondad”, donde me escuchan diez millones de personas. Dios tiene gente en todos sitios: a mí me tiene en el ámbito artístico, como tiene a Ricardo (Montaner).
- Acá acaba de aprobarse la ley de matrimonio homosexual. ¿Qué opinás de ese tema?
- Hay que ver si es bíblico. La Palabra dice una cosa, aunque también da libre albedrío.
- Ciertas interpretaciones de la Biblia o el Corán se usan para justificar barbaridades.
- Yo me atengo a la Palabra.
- En “Son al Rey” decís que “el Señor te quita toda angustia y depresión”. ¿Eso fue lo que te pasó?
- Sí, me sacó de la ansiedad, de la depresión, de la falta de paz.
- ¿De dónde venía ese malestar?
- No sé realmente, si en ese momento lo tenía todo, cómo llegaron la depresión y la ansiedad a ocuparse de mi vida. Pero llegaron. Yo pensaba que un Grammy me iba a quitar la depresión, pero no. Me la quitó el amor de Dios. El Señor tiene un lugar en el corazón del hombre, y cuando llenamos ese lugar de otras cosas, pues son inconstantes. Lo llené con la Palabra de Dios, y ya no me he vuelto a deprimir.
- A tu mujer también le das status divino, en “Mi bendición”.
- Claro, porque es un regalo de Dios, definitivamente. Nuestras mujeres son algo muy importante en nuestras vidas. Esa canción es un realce a sus cualidades y a lo que ha significado ella en mi vida. Es la que me inspira todas estas canciones.
- Una buena noticia para los matrimonios de décadas, como el tuyo.
- Claro que sí. El matrimonio es una empresa, y hay que cuidarlo.
Fuente: Diario Clarín
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CON JESÚS EN MI VIDA

viernes, 20 de agosto de 2010

Testimonio: "La felicidad se hizo carne en Jesús"

Para quien es cristiano y ama con todo su ser a la Iglesia tal como ella es, y como su madre le ha enseñado a quererla, el escándalo es inevitable cuando percibe la caída, repentina y continuada, del porcentaje de personas que acuden a la Iglesia, como los medios de comunicación hoy ponen de manifiesto.
¿Cómo no intentar comprender que algo no funciona? Y esto no se puede relacionar, de forma moralista, sólo con la libertad del individuo. Se despierta en el corazón la impresión de que la infidelidad al Espíritu afecta incluso a algunas expresiones de quienes enseñan el catecismo, cosa que -por la confianza concedida a ciertos valores y opiniones propios del clima descristianizado que nos rodea- se puede llegar a valorar como un signo de los tiempos, en lugar de leerse a la luz del misterio de Cristo. En suma, este “algo” que falta no atañe a la naturaleza del don de Cristo. ¡No es un defecto de origen!
Se trata, por el contrario, de una reducción de lo que Cristo ha querido obrar entre los hombres, todos debilitados por el pecado original: Cristo vino por esto. La decisión de seguir a Cristo pueden llevarla adelante hombres que consideran su dedicación a la Iglesia a la luz del poder terreno, conservando así el origen y la dinámica de la acción de todos, incluidos los no cristianos; y, de este modo, la ausencia de sentido del Misterio traiciona la naturaleza del acontecimiento mismo de Cristo.
De hecho se puede ser fieles a la letra de la Tradición sin recibir una educación en un método cristiano que permita conocer los fundamentos de todo lo que hay en la Iglesia. Pensando en los comienzos de mi propio camino quisiera observar que el estímulo para renovar surgió en mí precisamente de la fidelidad a los términos de la Tradición, a la enseñanza y a la práctica de la Iglesia. Entré en el Seminario jovencísimo, persuadido de que Comunión y Confesión eran consecuencias necesarias del Bautismo. Era un joven seminarista, un muchacho obediente, ejemplar, hasta que un día ocurrió algo que cambió radicalmente mi vida. Fue cuando un profesor me explicó en el Seminario la primera página del Evangelio de Juan: “El Verbo de Dios, es decir, el objeto de las exigencias del corazón humano, el objeto último de los deseos de cada hombre -la felicidad-, se ha hecho carne". Mi vida se vio literalmente invadida por esto: la memoria de ello persistentemente repercutía en mi pensamiento, y me estimulaba para valorar la banalidad cotidiana. El instante dejó, desde entonces, de ser banal para mí. Todo lo que existía, todo lo que era bello, verdadero, atrayente, fascinante, hasta como simple posibilidad, tenía en aquel mensaje su razón de ser, adquiría la certeza de una presencia que constituía la esperanza de poder abrazarlo todo.
Lo que me diferenciaba de los que me rodeaban era el anhelo y el deseo de comprender. Éste es el terreno en el que ha arraigado siempre nuestra devoción a la razón. Me interesé por los estudiantes porque las relaciones que tuve ya desde mis primeros tiempos de profesor en el Seminario eran todas con estudiantes. No elegí un ambiente específico donde decir ciertas cosas; simplemente me encontré allí.
Un día coincidí con tres chicos en el tren, yendo a Rímini. No los conocía y los vi terriblemente ignorantes y cargados de prejuicios respecto al hecho cristiano. Ésta fue la razón que me llevó a pedir a los superiores abandonar la enseñanza de la Teología en el Seminario para dedicarme a la tarea de estar presente entre los chicos de las escuelas de Milán.
Lo que les decía no nacía de un análisis del mundo estudiantil, sino de lo que me habían dicho mi madre y el Seminario. Se trataba, en síntesis, de hablar a otros con palabras tomadas de la Tradición, pero asumidas conscientemente y comunicadas hasta en sus implicaciones metodológicas.
¡Lo que hacía lo habría hecho en cualquier otro lugar de la Iglesia! Aquello que sentía y veía era algo nuevo, que no había intuido antes más que en los textos de los Padres y de los Papas. El tomar conciencia de ello nacía de una experiencia. Las mismas palabras del Evangelio y de la Tradición las leía de un modo nuevo.
La diferencia entre los integristas, los tradicionalistas y nosotros es que, mientras ellos querían devolver a todos a la condición anterior para salvar las formas antiguas (imitando mecánicamente a sus padres), nosotros pensábamos que, justamente para salvar la Tradición, era necesario comprender en qué consistía su contenido, mostrar su razón de ser y el ejemplo de cómo vivirla. Yo “entendía", y otros conmigo, que Cristo estaba allí, presente.
Procuré aclararme, explicarme esta gracia de conocimiento y reflexión que había recibido. Muchas veces no me sentía aceptado por las parroquias o las asociaciones oficiales; sin embargo, de la imagen que me venía nacían una alegría y una seguridad en el hecho cristiano incomparables, convirtiéndolo en un hecho que colmaba todo el corazón lo abría a toda la realidad de la Iglesia en el mundo. Y dicha certeza, esperanza y apertura se transmitían a los chicos que empezaban a seguirme.
Estaba brotando un modo de sentir la presencia de Jesús en la Iglesia como respuesta total y totalizante a las preguntas del mundo. Me di cuenta muchos años después, justamente a través de la confrontación con la autoridad de la Iglesia, siempre buscada y querida, de que mi deseo y la pasión que sentía en mi corazón por esta novedad de vida eran una gracia particular del Espíritu, lo que se llama carisma. Fui viendo con claridad cómo el carisma es la forma concreta en que el Espíritu hace nacer en el corazón del hombre una comprensión y un afecto por Cristo adecuados a un determinado contexto histórico. Y quien lo recibe “debe” colaborar con el mandato de Cristo: “¡Vayan por todo el mundo!". Del don que se le hace a un individuo comienza una experiencia de fe que puede resultar, de algún modo, útil para la Iglesia.
Comprendo que haya formas expresivas que le resulten a uno más interesantes que otras, pero puede darse un carisma que traduzca y comunique con conciencia clara aquello que san Pablo afirma de la criatura nueva; no sólo de la inteligencia nueva o del corazón nuevo lleno de caridad, sino integralmente de ¡la nueva criatura! Y esto mediante una reafirmación de lo que es el método cristiano. Igual que Dios se hizo presente en el hombre Jesús de Nazaret, también nuestra fórmula para sentir cómo vibra el Protagonista de esta historia es verificar su Presencia integralmente humana, lo que da origen a algo que en su totalidad llega a ser germen de un hombre distinto y semilla de una sociedad distinta.
La dinámica consistente en reconocer y verificar la Presencia de Cristo nos vuelve a todos creativos y protagonistas y nos descubre cómo la actividad del cristiano es, por naturaleza, misionera; es decir, comparte el método mismo de Cristo, que creó la Iglesia para darse a conocer a todo el mundo. El fin de la existencia cristiana es, entonces, la gloria humana de Cristo en la historia. Por eso amamos todas las formas de vida cristiana que la Iglesia reconoce y estamos dispuestos, dentro de nuestros límites, a colaborar con cualquier iniciativa. Todo lo que hacemos sólo podemos concebirlo como misión: es el destino último de cada una de nuestra acciones.
Nuestra certeza, fuente de alegría, es que pertenecemos a la Iglesia, de cuya autoridad -tal como se manifiesta a todos los niveles- dependemos; pidiendo que se nos reconozca dispuestos a sacrificar incluso la vida, pero, por encima de todo, dispuestos en cada momento a convertir nuestra mente y nuestro corazón abandonando la mentalidad mundana.
Por esto, nuestra concepción moral, que reconoce el sometimiento del hombre al pecado original, desea atravesar la apariencia de cada cosa, en la simpatía profunda por Cristo presente, para afirmar el Significado último, para que la relación con todo se vea como signo del Destino e invitación hacia Él. El cristiano es por ello un hombre que percibe cómo la eternidad está al acecho en cada apariencia.
Por P. Luigi Giussani, del Movimiento Comunión y Liberación
Fuente. Mopal
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lunes, 9 de agosto de 2010

7 de agosto: San Cayetano

San Cayetano: caminamos con fe pidiendo tu protección. El lema de este año es muy especial. Como siempre, fue el más elegido por los peregrinos. Es bien directo y con un pedido concreto. Le pedimos a nuestro querido San Cayetano que nos proteja: es que somos peregrinos, gente que va de camino, y ya sabemos que el que sale a la calle necesita protección.
Por eso le decimos: “San Cayetano, caminamos con fe pidiendo tu protección”. Es linda la primera afirmación: San Cayetano, caminamos con fe. Lo nombramos primero al santo para que nos mire, como diciendo “San Cayetano mirá que caminamos con fe”. Nos alegra y enorgullece que nos veas aquí, haciendo la fila, caminando en la fe de la Iglesia.
La fe la tenemos. Nuestro pueblo tiene fe. Creemos en Dios nuestro Padre. Creemos en Jesucristo su único Hijo, nuestro Señor. Creemos en Dios Espíritu Santo, Señor y dador de Vida. Creemos en nuestra Madre la Iglesia, creemos en la Comunión de los Santos, que nos hace venir a vos, junto con todos nuestros hermanos y hermanas, a pedirte que, junto con la Virgen y todos los santos del cielo, intercedan por nosotros que necesitamos protección.
La protección que pedimos es para todas las necesidades de nuestra vida: la salud, el pan, el trabajo… También pedimos protección ante la inseguridad que produce tanta violencia desatada en nuestra sociedad. Pero junto con estas cosas pedimos de manera especial protección para nuestra fe. Te pedimos que protejas, conserves y aumentes nuestra fe.
Porque vivimos en medio de una cultura cada vez más pagana. Una cosa es ser pagano si uno nació en una cultura que no conoce aún la verdad del Evangelio y la bondad de Jesucristo. Pero para nosotros, hacer como si Jesucristo no hubiera venido a salvarnos, es dar un paso muy atrás. Es como negar a nuestros padres y a nuestros abuelos. Es como querer no tener historia. Es como si eligiéramos ser huérfanos, gente desamparada, que tiene que empezar de cero sin contar con el tesoro de la sabiduría de nuestros mayores. Al hacer como si Jesucristo no existiera, al relegarlo a la sacristía y no querer que se meta en la vida pública, negamos tantas cosas buenas que el cristianismo aportó a nuestra cultura, haciéndola más sabia y justa; a nuestras costumbres, haciéndolas más alegres y dignas…
Si somos personas de bien no debemos desconocer tantas gracias recibidas. Nosotros hemos escuchado el anuncio del Evangelio, somos gente bautizada en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, gente que ha vivido cuidada con el amor infinito de la providencia de nuestro Padre Dios y amparada bajo el manto de ternura de la Virgen María. Nosotros hemos sido marcados con el signo de la cruz y le pertenecemos a Jesús que nos compró con su Sangre. Si en algo fallan nuestros valores es porque no los vivimos a fondo. No es que tengamos que reemplazarlos por otros sino que tenemos que arrepentirnos de no haberlos guardado bien y comenzar a vivirlos en toda su plenitud.
Y mientras caminamos con fe pedimos tu protección para nuestro amor. Te pedimos que cuides, conserves y acrecientes nuestro amor. Creemos con todo el corazón que es verdad lo que dice el Evangelio: que el que recibe los mandamientos de Jesús y los cumple, ése lo ama y el que ama a Jesús es amado por el Padre, que lo cuida y lo protege como a su hijo querido.
Le pedimos San Cayetano que cuides este amor en el corazón de nuestro pueblo, en cada familia, en cada institución. Que nos cuides el amor misericordioso para compadecernos de los que sufren y ayudarlos como hizo el buen Samaritano. Te pedimos San Cayetano que nos cuides nuestro amor de caridad, ese amor gratuito que nos hace alegres en todo lo que sea positivo y creativo, en busca de un bien siempre mayor. Te pedimos San Cayetano que cuides nuestro amor familiar: el amor con que se aman los esposos, el amor que hace que los hijos honren a sus padres y que los padres tengan paciencia con sus hijos y los alienten. Te pedimos San Cayetano que protejas en nosotros nuestro amor de amistad, que establece vínculos de igualdad entre las personas de toda condición y es la base de las relaciones sociales.
Y mientras caminamos con fe y amor, te pedimos también que protejas nuestra esperanza. Nosotros somos conscientes de que hemos recibido una bendición y que esa bendición es al mismo tiempo una promesa. Queremos transmitir esta bendición-promesa a nuestros hijos. Decirles: “Que el Señor te bendiga y te proteja…” –como dice tan lindo la primera lectura-. “Que el Señor haga brillar su rostro sobre vos y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro de Padre bueno y te conceda la paz”. San Cayetano, cuidá nuestra esperanza. Protegela de los males que la amenazan: el bajar los brazos, el tirar la toalla, el apagar la mirada pensando que no vale la pena, que en este país no se puede… ¡Nada de eso! Con tu ayuda levantamos los brazos, para bendecir al Cielo y para trabajar la tierra. Con tu ayuda nos ceñimos la toalla, como hizo Jesús en la última cena y le lavamos los pies a nuestros hermanos. Con tu ayuda encendemos la mirada y contemplamos el futuro con esperanza: ¡cuánto nos ha dado el Señor! ¡Cómo no soñar con todo lo que tiene para darle a nuestros hijos!
“San Cayetano: caminamos con fe pidiendo tu protección".
Por Cardenal Jorge Bergoglio
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lunes, 26 de julio de 2010

¿Qué espacio ocupa la oración en nuestra vida?

Homilía de Monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, el domingo 18 de julio:
"En María, la hermana de Marta, los cristianos encontramos un modelo que nos ayuda a valorizar la escucha de la Palabra del Señor y la necesidad de la oración. Este tema adquiere especial significación en nuestra época. La vida moderna nos lleva a estar inquietos y agitados por muchas cosas. Podemos hablar de una tendencia al activismo.
El activismo es un hacer cosas, pero sin ligarnos al ser. O bien, es un obrar superficial, sin profundidad y sin compromiso. En este contexto, donde tenemos más en cuenta lo urgente que lo importante, se nota en muchos una búsqueda de espiritualidad y de oración. El Papa Juan Pablo II en la carta para el milenio nos dice: “¿No es acaso 'un signo de los tiempos' el que hoy, a pesar de los vastos procesos de
secularización, se detecte una difusa exigencia de espiritualidad, que en gran parte se manifiesta precisamente en una necesidad de orar?” (NMI 33).
Los cristianos necesitamos revisar el lugar que le damos a la oración en nuestra vida. “Es preciso aprender a orar, como aprendiendo de nuevo este arte de los labios mismos del divino Maestro, como los primeros discípulos: 'Señor, enséñanos a orar' (Lc 11,1). En la plegaria se desarrolla ese diálogo con Cristo que nos convierte en sus íntimos: 'Permanezcan en mí, como yo en ustedes' (Jn 15,4)” (NMI 32).
La oración es un diálogo de amor entre Dios y el hombre. En ella realizamos una experiencia viva de la persona de Jesús: “El que me ame, será amado de mi Padre; y yo lo amaré y me manifestaré a él” (Jn 14,21). El camino de oración implica la perseverancia y que siempre nos situemos como aprendices. La perseverancia de la oración diaria, constante, y la humildad de sabernos necesitados de Dios, son claves para ser hombres y mujeres de oración.
Es bueno que no nos olvidemos de una regla invariable: tener un rato para acentuar lo importante, o sea para orar, nos permitirá resolver con mayor eficacia tantas cosas que nos inquietan y que son urgentes. Debemos señalar la revalorización de la oración eucarística en nuestras comunidades y la participación en los momentos comunitarios de oración, en las Misas y en las celebraciones. Esto es alentador, porque la acción evangelizadora y sus nuevos desafíos necesitan que las comunidades cristianas sean “escuelas de oración”. El Papa Juan Pablo II sigue diciendo: “Especialmente ante tantos modos en que el cuando de hoy pone a prueba la fe, (sin oración) no solo serían cristianos mediocres, sino 'cristianos en riesgo'. En efecto, correrían el riesgo insidioso de que su fe se debilitara progresivamente, y quizás acabarían por ceder a la seducción de los sucedáneos, acogiendo propuestas religiosas alternativas y transigiendo incluso con formas extravagantes de superstición” (NMI 34).
Es bueno también aclarar que si oramos bien, lejos de alejarnos de la realidad, nos podremos comprometer profunda y establemente con nuestro ambiente y con nuestros hermanos: “Una oración intensa, pues, que si embargo no aparta del compromiso en la historia: abriendo el corazón al amor de Dios, lo abre también al amor de los hermanos, y nos hace capaces de construir la historia según el designio de Dios” (NMI 33).
Es cierto que el pragmatismo nos lleva a medir todo por la utilidad, y nos puede hacer ver en la oración una pérdida de tiempo. En este domingo el Señor nos deja una enseñanza, que nos permite captar la necesidad de la oración y puede ayudarnos a no estar tan inquietos y agitados por tantas cosas.
Editado por Antonio
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