miércoles, 17 de marzo de 2010

Obsipos se reunirán con autoridades de los tres poderes del Estado

Tras los correspondientes pedidos de audiencia que recibieron, los tres poderes del Estado recibirán la visita de los obispos miembros de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina. Encabezados por su presidente, el cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, concurrirán los vicepresidentes, monseñor Luis Héctor Villalba, arzobispo de Tucumán, y monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz. No estará el secretario general, monseñor Enrique Eguía Seguí, obispo auxiliar de Buenos Aires, por hallarse ausente en el exterior. Acompañará a los obispos el vocero del episcopado, presbítero Jorge Oesterheld.
Hoy, a las 18, los obispos serán recibidos en el Palacio de los Tribunales de Justicia por el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti.
Mañana, a las 19, en la Casa Rosada, los prelados serán recibidos por la Presidente de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, mientras que a las 20.30 visitarán al Vicepresidente y presidente del Senado, Julio Cobos.
Como es de público conocimiento, la semana pasada los obispos mediante una declaración pública pidieron al Gobierno y a la oposición “superar el estado de confrontación permanente” y manifestaron su preocupación por la baja calidad institucional del país, que “produce un alto costo social”.
Según el padre Oesterheld, la intención de los obispos es "llevar personalmente el texto de la declaración y transmitir la preocupación de la Iglesia por la deficiente calidad institucional, que afecta las condiciones de vida de la gente, especialmente de los más pobres".
Fuente: AICA
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CON JESÚS EN MI VIDA

martes, 16 de marzo de 2010

La oración: garantía de satisfacción en la vida matrimonial

"Hace poco charlaba con un joven que estaba molesto por la súbita ruptura que acababa de experimentar con su novia. Ella le había dado un ultimátum: quería una propuesta de matrimonio, o se terminaba. Las lágrimas en sus ojos me dijeron lo que había elegido.
A medida que seguimos hablando, confesó que, aunque amaba mucho a esta chica, el matrimonio le daba un miedo mortal. Había crecido viendo morir el matrimonio de sus padres, una muerte larga y dolorosa que finalmente terminó en divorcio, y estaba aterrorizado de que le ocurriera lo mismo. Temblando, dijo: "le dije a mi novia, que antes de que pudiera casarme con ella iba a necesitar una garantía de que esto no nos ocurriría a nosotros".
"Desgraciadamente para él, no hay garantías en el matrimonio. Al menos eso es lo que yo pensaba. Entonces, un día en el auto, escuchando una transmisión de Vida Familiar Hoy, el pastor Will Davis, Jr. (autor de “Ore mucho por su matrimonio”), dijo algo que cambió mi forma de pensar: "el 1% de los matrimonios que oran juntos fracasa. ¡Eso significa que el 99% tiene éxito!."
En un mundo donde la tasa de divorcio se acerca al 60% (incluyendo los matrimonios cristianos), esto realmente me apasiona. ¿Se imaginan tener una garantía del 99% de que su matrimonio no fallará?"
"Aunque muchos podrían burlarse de esta estadística increíble, mi experiencia me dice que es verdad. He estado casada por 35 años, pero a los 10 años de matrimonio mi esposo y yo nos separamos durante 5 años. La diferencia entre los primeros 15 años y los últimos 20 años ha sido tener a Dios en el centro de nuestro matrimonio. Recuerdo que justo después de reconciliarnos con mi esposo, le compré como regalo un libro devocional para parejas. Ese libro estuvo en nuestra mesa de café por un año antes de que ealmente lo abrimos y empezamos a usarlo. Pero una vez que empezamos, no podíamos parar. Cada mañana leíamos el breve resumen, hablábamos un poco de él, y luego orábamos juntos. Es difícil de explicar, pero el efecto que tuvo en nuestra relación fue nada menos que increíble."
"A decir verdad, no pude darme cuenta si él estaba cambiando, o si yo estaba cambiando, pero estaba segura de que nuestro matrimonio estaba cambiando. Y fue un cambio bueno... muy bueno. Después de un tiempo ambos empezamos a notar que la vida era diferente, y no en el buen sentido, si salteábamos un día. Incluso hacíamos bromas al respecto, diciendo a nuestros amigos que, si hubiéramos dejado nuestra devoción y la oración común, aquel día acabaría en un escándalo. Lo no tan divertido es.... que era cierto.
En la casa donde crecí había una placa en la pared que decía: "La familia que reza unida, permanece unida." Siempre pensé que era una rima tonta, y realmente odiaba cuando mi papá nos llamaba a todos al living para el tiempo de oración en familia. Después de todo, como adolescente pasaban cosas mucho más importantes en mi vida, y lo consideraba una gran pérdida de tiempo. Supongo que mi padre sabía algo que yo no, y que me tomó tantos años aprenderlo."
Hoy ya hace muchos años que mi esposo y yo comenzamos a orar juntos, y el libro devocional que usamos para empezar, “Moments Together for Couples” (por Dennis y Barbara Rainey), se ve bastante ajado y con los bordes rotos. Pero no quiero una copia nueva. Ese libro es muy especial para nosotros, y su aspecto representa la batalla en la que hemos estado al luchar por nuestro matrimonio. Hoy, más que nunca, estamos en una lucha por la familia. Creo que Satanás tiene una misión especial contra las familias, y con la alta tasa de divorcios, parece estar ganando. Lamentablemente, como cristianos, no nos está yendo mucho mejor que el resto del mundo, y aquí está la razón: las estadísticas muestran que menos del 3% de los matrimonios cristianos oran juntos. Y eso tiene que cambiar. Así que... para todos ustedes en pareja, les tengo un desafío. Pónganse de acuerdo con su cónyuge para orar juntos, todos los días, durante los próximos 30 días. Cambiará su vida, ¡garantizado!"
Por Linda Strickland
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CON JESÚS EN MI VIDA

lunes, 15 de marzo de 2010

"Dones son tareas...."

La Patria es un don, la Nación una tarea
Declaración de la 155º Comisión Permanente del la Conferencia Episcopal Argentina
1. La celebración del Bicentenario merece un clima social y espiritual distinto al que estamos viviendo. Urge recrear las condiciones políticas e institucionales que nos permitan superar el estado de confrontación permanente que profundiza nuestros males. La situación actual requiere una actitud de grandeza de parte de todos los argentinos, en particular de sus dirigentes. También nosotros, como pastores, nos sentimos interpelados por esta situación y no nos excluimos del examen de conciencia que se debe hacer.
2. La que sufre es la Nación toda; no es momento para victimizarnos ni para procurar ventajas sectoriales. “Aunque a veces lo perdamos de vista, la calidad de vida de las personas está fuertemente vinculada a la salud de las instituciones de la Constitución cuyo deficiente funcionamiento produce un alto costo social1" . La calidad institucional es el camino más seguro para lograr la inclusión de todos en la comunidad nacional. Por eso, es necesario que los poderes del Estado, de acuerdo a su naturaleza, actúen respetando su legítima autonomía y complementándose en el servicio al bien común.
3. Si toda la Nación sufre, más duramente sufren los pobres. Este es un reclamo del cual nos volvemos a hacer eco, porque se trata de una deuda que sigue vigente, y que se lee “en los rostros de miles de hermanos que no llegan a vivir conforme a su dignidad de hijos de Dios”2 . Por ello, es el momento de privilegiar la sanción de leyes que respondan a las necesidades reales de nuestro pueblo, y no de detenerse en opciones fijadas por intereses que no tienen en cuenta la naturaleza de la persona humana, de la familia y de la sociedad.
4. La Patria es un don que hemos recibido, la Nación una tarea que nos convoca y compromete nuestro esfuerzo. Asumir esta misión con espíritu fraterno y solidario es el mejor modo de celebrar el Bicentenario de nuestra Patria.
5. Los cristianos invitamos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a unirse a nosotros en la oración para invocar al Señor, que es la fuerza de su pueblo, y a pedirle por nuestra querida Patria argentina: “Salva a tu pueblo y bendice a tu herencia; apaciéntalos y sé su guía para siempre”3 . Una vez más ponemos estos deseos y esperanzas en las manos de Nuestra Madre de Luján.
155º Comisión Permanente
Buenos Aires, marzo de 2010
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miércoles, 10 de marzo de 2010

María: "ten confianza en mi, yo te salvaré"

En aquel tiempo los españoles asediaban Fonterrabia, ocupada por los franceses. En su codicia los ocupantes se lanzan al pillaje. Un día João Cidade Duarte hace entrar en razón a su capitán que maltrataba a
una joven. Este acto de valentía le trajo enseguida muchas molestias.
El capitán para vengarse le encarga las tareas más humillantes y peligrosas. Un día João es enviado en misión de reconocimiento en un caballo sin montura y sin riendas.... Cabalgaba cerca de la frontera francesa cuando de repente oye una señal de trompeta, el caballo sale al galope, se cabrea y lo lanza contra una roca. João, muy adolorido, no consigue levantarse.
En medio de su sufrimiento invoca a quien desde niño había pedido ayuda y consuelo, la santa Virgen María. "Reina del Cielo, no me dejes caer en manos del enemigo." Y al instante, se desmayó. Cuando vuelve en sí, ve a su lado a una joven que le habla con compasión. Vestida de Pastora, con su cayado en la mano, ella se inclina y le ofrece de beber. La joven le tiende la mano y él le da la suya, aún dudoso. Apoyado en ella da algunos pasos, titubeaba como un hombre ebrio. Pero luego siente una fuerza maravillosa y sale de su debilidad. La pastora lo conduce hacia un camino y lo deja solo. João está persuadido que esa pastora no podía ser otra que la Virgen María o un ángel enviado por Ella.
Otro día, después de la toma de un rico botín, el capitán encarga a João guardar el tesoro y sobre todo un cofre lleno de joyas. Al día siguiente se da cuenta que la caja de las joyas falta, João interroga a los centinelas. Nadie sabe nada. El capitán era la única persona que había entrado en la tienda de campaña. El capitán condena a João a la pena de muerte por la horca, conforme al código militar. João, con las manos y los pies liados, pasa la noche sin dormir. Su amigo Alfonso Ferrus se desliza bajo la tienda para soltarlo. João rehúsa. Abandonado a sí mismo, tiene un sueño extraordinario. Vuelve a ver a la pastora francesa que se transforma en la Reina del Cielo que le dice: "Ten confianza en mí, yo te salvaré." João se despierta, reza el Ave María con fervor y se siente reconfortado. Marcha al suplicio con paso firme. Le promete a la Santa Virgen renunciar a las armas, si Ella lo salva de la horca. Ni un instante duda de la ayuda de María. Se declara inocente y agrega: "Yo confío todavía en la ayuda de la Santa Virgen."
Los tambores redoblan por segunda vez, João ya tiene la cuerda al cuello cuando un jinete llega corriendo desbocado, es el coronel Ribera, revoca la orden de ejecución, quiere ser juez en este asunto. Mientras tanto, Alfonso Ferrus aparece de pronto con el cofre de las joyas, descubiertas en la tienda del capitán. Éste será condenado y ejecutado.
María fue fiel a su promesa. João también mantiene su palabra. Renuncia a las armas y va en busca de la voluntad de Dios. Llegará a ser el gran san Juan de Dios (1495-1550), fundador de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.
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miércoles, 3 de marzo de 2010

Distintos niveles para acercarnos a Dios

Cristo es la plena expresión del Padre. Jesús, la humanidad de Cristo, es la plena manifestación de todo lo que el Padre es, hasta el grado en que esto puede ser expresado en la naturaleza humana. Jesús es el símbolo viviente del amor y la misericordia de Dios, y la increíble ternura hacia sus criaturas. Él es asimismo la manera en que Dios nos comunica la vida divina. Las acciones que Cristo realizó en su vida terrestre expresan sus disposiciones interiores, y ninguna más completamente que Su pasión, muerte y resurrección, hacia la cual la totalidad de su vida se orientó. Conociendo al histórico Jesús, escuchando Su Palabra en el Evangelio y en los acontecimientos de Su vida, aprendemos poco a poco, a interiorizar sus enseñanzas y sus acciones y comenzar a entenderlas. Esto es lo que podemos llamar ‘escucha profunda’.
Pero como María de Betania a los pies de Jesús, no es suficiente solamente escuchar Sus palabras con nuestros oídos y reflexionar en ellas por nuestra razón. Este es sólo un preliminar esencial para familiarizarnos con Él, como nos familiarizarnos con cualquier nuevo amigo. Si estamos verdaderamente interesados en hacer que esta amistad crezca, nosotros descubriremos todo lo que podamos acerca de Él; pasaremos tiempo en oración, y pondremos Su enseñanza en práctica. A medida que reflexionamos en la Palabra de Dios y la Humanidad de Jesús, comenzamos a escuchar con los oídos de nuestro corazón. Así como podemos conversar con alguien al nivel de palabras, así podemos estar en comunión con alguien en el nivel de silencio. Si somos muy cercanos familiarmente, lo podemos hacer precisamente sentándonos juntos y comunicándonos sin palabras. Cada uno que tiene un amigo cercano conoce esta experiencia.
Pero existe aún un nivel más profundo de conversación que la comunión, y este es la unidad. Es a este nivel que la Palabra de Dios está finalmente dirigida. Esta es la capacidad de escuchar con todo nuestro ser. La respuesta total a Cristo sólo es posible cuando escuchamos Su palabra en cada nivel de nuestro ser, incluido el más profundo nivel, el cual es ese silencio interior. Es a este nivel que Su Palabra es más poderosa y más creativa; la acción que emerge de ese silencio es efectiva. (De: “El Corazón del Mundo”)
Oración
Oh Espíritu Santo, bajo Tu segura guía, ayúdanos a escuchar las palabras de la Escritura que Tú has inspirado y a penetrar su significado a niveles de conocimiento y respuesta aún más profundos.
Fuente: “Peregrinaje hacia El Centro Un pasaje Cuaresmal"
Fr. Thomas Keating
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martes, 2 de marzo de 2010

Reina de la tv norteamericana con jóvenes religiosas

Con el título "Manteniendo la fe", el popular show de televisión estadounidense de Ophra Winfrey -conocida como la 'reina' de la televisión en los Estados Unidos, y cuyo programa lleva al aire más de 20 años- mostró el pasado 9 de febrero, cómo muchas jóvenes de hoy se inclinan por la vida religiosa y encuentran la  felicidad en esta opción de vida.
Su corresponsal, Lisa Ling, visitó a la Comunidad de Hermanas Dominicas de María, cuyo convento se encuentra cerca de la ciudad de Detroit en los Estados Unidos. La periodista vivió un día con las hermanas, cuya edad promedio está alrededor de los 26 años, y dialogó con ellas.
Algunas contaron qué hacían antes de entrar en el convento, como la Hermana Miriam, postulante de 28 años, quien "tenía un buen trabajo, una buena carrera", y se dio cuenta que al final de su vida ni el dinero, ni una carrera "es lo que realmente importa". O la Hermana Annunciata, novicia de 32 años, quien antes de ingresar a la Comunidad de las Dominicas de María, estuvo a punto de casarse, pero notó que no estaba llamada al matrimonio, ya que "había algo en mi corazón que, pese a tener un novio, no me satisfacía", señaló la novicia a Ling.
La corresponsal también conversó con la Madre Asunta, una de las fundadoras del convento, quien decidió entregar su vida al servicio de Dios desde que tenía 17 años. Ante la pregunta de si no hubiese querido formar una familia, la religiosa le respondió a Ling que nunca ha sentido que se perdió de vivir la experiencia de tener hijos y que, aunque cree "que toda mujer está llamada a ser madre, físicamente hablando", sintió que Dios la llamaba a esto y lo que quiso fue ser "una madre espiritual".
Algunas de las religiosas también fueron entrevistadas en el estudio por Ophra. Una de ellas fue sor María Samuel, quien le aseguró a la presentadora que desde que está funcionando su comunidad, hace 13 años, ha notado mayor interés de jóvenes que quieren servir a Dios más que a sí mismas. "Nuestra cultura es, sin duda, muy difícil para vivir, porque es muy secular, muy materialista", aseguró la religiosa. También dijo que pese a esto, "Dios sigue llamando y permite que nuestra vida sea un camino hacia Él (...) un viaje más íntimo que nos libera de las cosas materiales, por medio de los votos de pobreza, castidad y obediencia", continuó sor María. La hermana también dijo que al seguir la voluntad de Dios, se encuentra la felicidad: "Todo el mundo tiene que hacer la voluntad de Dios, cuando la seguimos, somos más felices". Al respecto, asimismo, dijo que es importante luchar, porque muchas veces "nos gusta hacer nuestra propia voluntad", y que, quienes han optado por la vida religiosa, tienen el privilegio de gozar de un tiempo de silencio y de oración para acercarse más a Dios.
Otra de las hermanas entrevistadas por Ophra fue Mary Judith, de 26 años y quien entró a la comunidad a los 21. La religiosa dijo, en el popular show, que luego de estar "en un punto crítico de su vida", y de verse cara a cara con las drogas y la muerte, luego de que un amigo cercano fuera asesinado, quiso "encontrar una dirección" y se acercó a Dios, quien, como ella asegura, "me dejó muy claro que si quería ser feliz, tenía que darle toda mi vida a Él".
El Show de Ophra es uno de los programas de televisión más vistos, y de los más influyentes dentro de los Estados Unidos. Según datos suministrados por la página web oficial de la presentadora, su espacio es visto por cerca de 42 millones de personas.
Fuente: Gaudium Press
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lunes, 1 de marzo de 2010

Gesto cuaresmal solidario 2010

“Y porque somos sus colaboradores, los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios”. ( 2 Cor 6,2)
Una de las cosas más desgastantes que nos puede suceder es caer en las garras del acostumbramiento. Tanto a lo bueno como a lo malo. Cuando el esposo o la esposa se acostumbra al cariño y a la familia, entonces se deja de valorar, de dar gracias y de cuidar delicadamente lo que se tiene. Cuando nos acostumbramos al regalo de la fe, la vida cristiana se hace rutina, repetición, no da sentido a la vida, deja de ser fermento. El acostumbramiento es un freno, un callo que aprisiona al corazón, vamos “tirando” y perdemos la capacidad de “mirar bien” y dar respuesta.
¡Estamos en riesgo!. Como sociedad poco a poco nos hemos acostumbrado a oír y a ver, a través de los medios de comunicación, la crónica negra de cada día; y lo que aún es peor, también nos acostumbramos a tocarla y a sentirla a nuestro alrededor sin que nos produzca nada o, a lo sumo, un comentario superficial y descomprometido. La llaga está en la calle, en el barrio, en nuestra casa, sin embargo, como ciegos y sordos convivimos con la violencia que mata, destruye familias y barrios, aviva guerras y conflictos en tantos lugares, y la miramos como una película más. El sufrimiento de tantos inocentes y pacíficos dejó de cachetearnos, el desprecio a los derechos de las personas y de los pueblos, la pobreza y la miseria, el imperio de la corrupción, de la droga asesina, de la prostitución obligada e infantil pasaron a ser moneda corriente, y pagamos sin pedir recibo aunque tarde o temprano se nos va a pasar la factura.
Todas estas realidades, y muchas más, no son mudas, nos gritan a cada uno de nosotros y nos hablan de nuestra limitación, de nuestra debilidad, de nuestro pecado… a pesar de que “nos hayamos acostumbrado”.
El acostumbramiento nos dice seductoramente que no tiene sentido tratar de cambiar algo, que no podemos hacer nada frente a esta situación, que siempre ha sido así y que sin embargo sobrevivimos. Por el acostumbramiento, dejamos de resistirnos permitiendo que las cosas “sean lo que son”, o lo que algunos han decidido que “sean”.
La Cuaresma, providencialmente, viene a despabilarnos, a pegarnos un sacudón en nuestra modorra, en nuestro andar por inercia. Las palabras de Joel son una clara invitación: vuelvan a Dios. ¿Por qué? Porque algo no va bien en nosotros mismos, en la sociedad o en la Iglesia , y necesitamos cambiar, dar un viraje, convertirnos. Sí es posible algo nuevo, sencillamente porque nuestro Dios fiel sigue siendo rico en bondad y misericordia y está siempre dispuesto a perdonar y empezar de nuevo.
Somos invitados a emprender un camino cuaresmal, un camino que incluye la cruz y la renuncia, camino de penitencia real y no superficial, de un ayuno de corazón y no por la ocasión - “Desgarren su corazón y no sus vestiduras” - (Joel 2, 12)
Un camino en el cual, desafiando el acostumbramiento abramos bien los ojos y los oídos, pero sobre todo el corazón para dejarnos “descolocar” por lo que sucede a nuestro alrededor. Cuando miramos con hondura y no nos damos respuestas prearmadas, la vida de nuestros hermanos con sus angustias y esperanzas nos va descolocando y nos pone en un lugar distinto no exento de riesgos. Pero sólo así, ahí, cuando su sufrimiento nos toque hiriéndonos y el sentimiento de impotencia se haga más profundo y nos duela, encontraremos nuestro camino real hacia la pascua. – “A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él”- (2 Cor 5,21)
Sólo como un signo de lo que debe ser nuestra actitud vital de discípulos a lo largo de todo el año se inscribe el gesto Solidario de Cuaresma que realizamos en la Arquidiócesis desde hace varios años. Entrenar el corazón para no mutilar nuestra capacidad de asombro y de dolor; para que la realidad no nos sea indiferente y podamos con gestos concretos experimentar que no “hemos recibido en vano la gracia de Dios”.
Así como lo dije en la Misa por las víctimas del terremoto en Haití, le pedimos a la Virgen que se meta en nuestro corazón, nos señale tantos dolores y nos empuje a hacer oración, penitencia, limosna, despojo de algo que nos guste o que tengamos en favor de Jesús en los demás.
Y recemos unos por otros para que el ejercicio del amor al prójimo nos haga crecer en el amor a Dios, a quien buscamos desde nuestro corazón, a quien adoramos y con quien queremos encontrarnos.
Afectuosamente.
Cardenal Jorge Mario Bergoglio s.j.
Arzobispo de Buenos Aires
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