miércoles, 11 de noviembre de 2009

Noches oscuras, indispensables para el crecimiento espiritual

Varios lectores de The Healing Line han escrito amablemente para decir que realmente apreciaron el artículo sobre la sequedad espiritual, publicado en nuestra edición de mayo/junio de 2009, y su valor en nuestra vida espiritual. Y como hablé de la primera "Noche de los sentidos", preguntaron sobre las demás.
La idea básica es muy simple, y es que nuestro crecimiento espiritual es por lo general un crecimiento gradual, y es básicamente una lucha contra nuestro egoísmo natural. De hecho, la mejor traducción de "carne" ("sarx" en el original griego), en los famosos pasajes sobre la "carne" luchando contra el espíritu, es "egoísmo" en lugar de "carne", que por lo general sugiere pecados sexuales. El pecado más profundo contra el que siempre luchamos es el egoísmo, en contraste con el amor mutuo. La razón por la que necesitamos la ayuda de Dios es que por lo general al principio no nos damos cuenta de lo centrados en nosotros que realmente somos. Cuando nos convertimos por primera vez, normalmente nos convertimos parcialmente, pero después de la conversión ocurren algunos cambios reales. Puedo dejar algunos pecados graves, como emborracharme los fines de semana. Pero ahora mi egoísmo crece una pizca. Por ejemplo, ahora puedo ofrendar a los diversos ministerios, pero puedo tener diversos motivos. Además de querer ayudar a difundir el Evangelio, es posible que desee recibir una bendición material del ciento por uno. Asistimos a las uniones de oración, y la razón por la que realmente asistimos es que estamos entusiasmados con las sesiones de música: estamos muy contentos y decimos que hemos experimentado la "Unción", y que este predicador en
particular es verdaderamente ungido y "lleno del Espíritu".
Y eso puede ser; es bueno tener una linda experiencia, pero también puede ser simplemente que buscamos un pico emotivo, y así vamos de iglesia en iglesia, en busca de una reunión "ungida". En cierto modo, esto es bueno, pero estos sentimientos de felicidad son sólo una parte de la vida, y podemos estar yendo a una iglesia en particular porque el predicador apela a estos sentimientos de alegría. Pero los sentimientos nunca duran, porque la verdadera espiritualidad también depende de nuestra disposición a sufrir cuando nos ocupamos de los enfermos y visitamos a los presos, los mismos criterios que Jesús dijo que utilizaría para separar a los que serán salvados, las ovejas de los cabritos (Mateo 25).
Lo que Dios hace en la primera noche oscura, la noche de los "sentidos", es eliminar algo de nuestra excesiva dependencia de los incentivos emocionales que tenemos para ser cristianos. Las diferentes noches oscuras son simplemente Dios despojándonos de nuestro egoísmo a niveles cada vez más profundos. El nivel uno es ser despojado de los incentivos emocionales que primero nos atrajeron: la alegría, el entusiasmo de la música llena del Espíritu, de los grandes anuncios, de sentir que cae el peso de los pecados. Todas estas cosas son buenas, pero naturalmente las sentimos cada vez menos, a medida que nos acostumbramos a ellas. "Ya lo viví. Ya lo hice". Cantar villancicos en Navidad me atrae más que visitar a alguien en la cárcel.
Pero en las noches oscuras del alma, Dios nos despoja de nuestro apego innecesario a los picos emocionales y nos libera del egoísmo más profundo. Nuestras certezas intelectuales y el orgullo intelectual son los próximos en partir; podemos empezar nuestro camino cristiano consolados por pertenecer a una Iglesia que creemos es la mejor y más fiel, la Iglesia que sentimos que es espiritualmente superior. Pero
somos humillados al encontrar cristianos fuera de nuestro grupo que aman más que nosotros. Empezamos a luchar con dudas, incluyendo las dudas acerca de si somos algo más santos de lo que éramos hace diez años. Ahora nos aburren los predicadores que solían inspirarnos. Peor ún, estamos desilusionados por las caídas de la gracia que podemos ver en nuestros héroes en la fe.
Lo que Dios está haciendo es tratando de profundizar nuestra fe y de que nos aferremos al ideal de imitar a Jesús siendo fiel a nuestros ideales por fe, que es por definición algo que no podemos ver. Podemos sentir como Jesús en la cruz: "¿Por qué me has abandonado?"
Es sólo a través del sufrimiento y de superar las decepciones de la vida que no son de tu elección. Pedro fue el líder fuerte de la Iglesia primitiva, pero para su crecimiento personal necesitaba ser curado de su propia voluntad, como todos nosotros. Al final del Evangelio de Juan, Jesús le dice a Pedro que tendrá que ser despojado de su propia voluntad, como todos nosotros:
“Te digo la verdad, cuando eras más joven tú mismo te vestías e ibas donde querías, pero cuando llegues a viejo extenderás tus manos y otro te vestirá y te llevará adonde no quieras”. (Juan 21,18).
De eso se tratan las noches oscuras.
Y al final de la noche viene el amanecer, y veremos a Jesús.
Francis MacNutt
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lunes, 9 de noviembre de 2009

El milagro de Juan

Después de 4 años de noviazgo, nos casamos con la idea de estar un tiempo solos antes de buscar un bebe; para poder consolidar nuestra pareja, y porqué no disfrutar del estar juntos, como un regalo que el Señor nos hacía en aliarnos para siempre.
Pero esos eran nuestros planes. Los del Señor eran otros.
A las pocas semanas nos enteramos que de la luna de miel ya veníamos tres. Y así, se sumaba a nuestra vida, este Caprichito de Dios, que ya latía en mi vientre.
A medida que pasaban los días nuestra familia se consolidaba, y el amor por esa criatura crecía rápidamente.
A los cinco meses, en una ecografía de control aparece el primer susto: un tumor placentario, que estimulaba el útero y se provocaban contracciones que podrían suscitar un parto prematuro cuatro meses antes. Lo único que podía hacerse eran ecografías mensuales, para controlar el tamaño del tumor, y que no molestara al bebe; descontando por supuesto el reposo absoluto. Esto nos atemorizaba, pero lo importante era que el niño crecía sin inconvenientes.
En la ecografía del mes siguiente el Señor nos sorprendió: el bebe tenia líquido alrededor de su corazón. El paso a seguir fue una derivación con una cardióloga infantil, (la mas reconocida en la provincia), que tras un estudio de alta complejidad que examinaba su corazoncito intrauterinamente, determinó “hipertrofia cardiaca producto de la ausencia de la válvula tricúspide”; esto es un corazón de gran tamaño y mal formado porque la arteria que conecta el corazón con los pulmones no estaba. Eso significaba lo que nadie se animaba a poner en palabras en una sola frase: en el mismo momento de que nuestro hijito saliera de la panza y empezara a valerse por sus propios pulmones, no lo iba a poder hacer: EL BEBE NO PODRIA RESPIRAR.
Ese dolor indescriptible que como matrimonio nos unía muy profundamente, no podía paralizarnos. Mas aliados a LA SAGRADA FAMILIA que nunca, comenzamos un doble y difícil camino:
• Desde lo humano tejiendo mentalmente todas las posibles soluciones que se nos ocurrían, y consultándolas permanentemente con el cuerpo médico que nos acompañaba (que se acrecentaba a medida que el caso tomaba más gravedad). Éstas iban desde un nacimiento en otra provincia que contara con médicos especialistas en cirugía coronaria infantil, hasta el traslado inmediato en ambulancia o lo que fuera apenas nacido el bebé.
• Desde la fe: científicamente si esa arteria no se había formado, ya no se formaría. Pero confiábamos en Dios, que como Señor de la naturaleza y de la creación, no podía ajustarse a un postulado científico. Nuestra oración incesante era por el MILAGRO YA OBRADO en el corazón de nuestro pequeñín.
Éramos absolutamente concientes de la gravedad del caso. Pero eso no nos impidió, por Gracia de Dios, disfrutar del Milagro ya existente que el Señor nos invitaba a presenciar: EL MILAGRO DE LA VIDA: EL ESTAR EMBARAZADOS!!!! Esa criatura, (de la que no quisimos saber el sexo hasta su nacimiento), estaba tan aferrada a la vida que nos alentaba minuto a minuto.
Así transcurrieron los meses restantes del embarazo. Teníamos controles semanales con la ginecóloga, y en el último mes las visitas eran día por medio. Las ecografías eran mensuales, y cada tanto la visita a la cardióloga infantil...
Se programó la cesárea para un día y horario en el que todos los especialistas estaban a nuestra disposición, incluidos psicólogos, por si "algo salía mal".
Llego el día: estábamos tan ansiosos de conocer al bebé, y tan confiados del milagro, que no le dimos espacio al temor. A las 8:55 de la mañana del 07 de novmiebre de 2006, día de MARIA, MEDIADORA DE LA GRACIA DE DIOS nació nuestro JUAN FRANCISCO (su primer nombre es por el "amado” de Jesús), con 4.100kg y su corazoncito tan sano como nadie imaginó. Los médicos no podían entender lo que sucedió: “estábamos preparados para todos, menos para esto” dijeron. Solo la fe lo justifica.


Al día siguiente regresábamos a casa con nuestro hijito!!!! (Tal como el Señor nos adelantaba en Su Palabra en la bendición de los hermanos en vísperas de la cesárea en Mc.7,24-30: “Curación de la hija de una cananea”)
Por supuesto hubo estudios y controles que deberán repetirse durante mucho tiempo. El 7 de noviembre de 2009, Juan cumplió 3 años y recibió el alta médica de la cardióloga y sin secuelas de ningún tipo.
Lo más importante y que no podemos dejar de testimoniarle al mundo entero, es que El Poder de Dios, y la Poderosa intercesión de la Sagrada Familia SANARON A NUESTRO HIJO!!!!!!!!! Nosotros vimos moverse las montañas, fuimos testigos de lo que la ciencia creyó imposible.
Nuestro infinito agradecimiento a todos los médicos que nos ayudaron y contuvieron, ya amigos personales luego de tantas y tantas consultas; y a todos los Hermanos del país, sí del país porque el caso de nuestro hijo llegó a muchos lados que después de lo sucedido nos enteramos, que oraron e intercedieron por esto: por el milagro de Juan.
¿Nuestro consejo para quien pase una prueba? Pidan con fe, con la absoluta certeza que el milagro ya está concedido; y si es voluntad de Dios, así será.
En la foto, podemos ver al protagonista de esta historia y, de fondo, al Padre Ricardo.
Por Rosario y Antonio Tallarita
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viernes, 6 de noviembre de 2009

La oración de la fe

Nuestra oración siempre está profundizándose y madurando. Nos movemos, tal vez, más allá de cierto tipo oración, no porque sea mala, sino simplemente porque vamos entrando en una relación más profunda con Cristo. Tal vez cuando empezamos esta relación dependíamos en gran medida de fotos, o imágenes mentales de esta persona, pero a medida que maduramos, a medida que vamos siendo más capaces de tener una relación humana, esta foto, esta imagen mental de Cristo, va cediendo el paso cada vez más al encuentro con la persona real. Este encuentro que ocurre fundamentalmente en el ámbito de nuestro corazón, de nuestra experiencia personal, luego se ve hermosamente enriquecido en la Eucaristía, en las Escrituras, en la comunidad, en todos los otros caminos en los que también encontramos a la persona resucitada de Jesús. El Espíritu siempre está trabajando en nosotros, preparándonos para verlo, para que veamos a Jesús más claramente.
Creo que el punto de partida es saber que Jesús nos está buscando, somos su oveja perdida. En los Evangelios, Jesús habla más de Dios buscándonos que sobre la obligación humana de buscar a Dios. Nuestra fe en Jesús se basa en esta confianza que habita en nosotros, buscándonos en el sentido de que al buscarnos nos aparta de nuestro ego y nos lleva hacia dentro de nuestro verdadero ser. Ese es el viaje de la oración Cristiana: con Jesús, en el Espíritu, hacia el Padre.
Por Fr. Laurence Freeman. OSB
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jueves, 5 de noviembre de 2009

Obispado de San Justo, Bs. As. sobre uniones homosexuales

Un perro es un perro y un gato es un gato. Las uniones homosexuales no son un matrimonio son “un verdadero antimatrimonio”. Legalizarlas sería promover el “mal común”.
Aunque resulte una obviedad, hoy hay que explicar que un perro es un perro y un gato es un gato; ambos son mamíferos, vertebrados y cuadrúpedos; pero cada uno debe tener su propia denominación. Con este irrefutable argumento, los obispos de San Justo iniciaron la carta que en el día de la fecha le dirigieron al presidente de la Cámara de Diputados de La Nación, Dr. Eduardo Fellner, y por su intermedio a todos los diputados nacionales.

El obispo de La Matanza, Mons. Baldomero Martini , y su obispo auxiliar, Mons. Damián Bitar, manifestaron a través de la misiva su preocupación por los proyectos de ley que pretenden darle a las uniones del mismo sexo el status jurídico del matrimonio.
El matrimonio, unión estable de un varón y una mujer abierta a la vida, no tiene nada que ver con las convivencias homosexuales, afirmaron.
“Es también evidente que los matrimonios de verdad –no las caricaturas de los mencionados proyectos de ley-, son necesarios para la subsistencia y el progreso de la República Argentina ”. Expresando seguidamente que eso “ya lo descubrió Aristóteles cuatro siglos antes del nacimiento de Cristo. El bien común depende de las familias fundadas en verdaderos matrimonios. Y es esa función insustituible de bien común, la que justifica la regulación especial y privilegiada del matrimonio y la familia”.
Tras defender enfáticamente la familia (con fundamentos que van desde el sentido común hasta lo jurídico, pasando por aspectos teológicos, antropológicos, políticos y demográficos) concluyeron: “las uniones homosexuales no son ni podrán ser nunca un matrimonio –sino más bien todo lo contrario: un verdadero antimatrimonio-, además, su promoción va directamente contra el bien común –para transformarse en un verdadero mal común-“.
Con celo pastoral recordaron que en el Juicio Universal nos juzgará a todos el Justo Juez “y allí no habrá inmunidad parlamentaria que valga”. Pidieron finalmente el pronto archivo de los expedientes.
A continuación el texto completo de la misiva:
San Justo, 4 de Noviembre de 2009
Al Señor Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación
Dr. Eduardo Alfredo Fellner
Estimado Señor Diputado:
Reciba nuestros más cordiales saludos y deseos de Paz y Bien en Jesucristo, Señor de la Historia; que le rogamos extienda a todos los integrantes de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, remitiéndoles una copia de la presente.
Las circunstancias nos obligan a escribirle en nuestro doble carácter, de ciudadanos y Obispos, Titular y Auxiliar de la Diócesis de San Justo - La Matanza-. El bien común temporal es el fin de toda actividad política -y la legislativa lo es en grado sumo-, no es ajeno a nuestro ministerio episcopal, cuya finalidad es también el bien común, aunque en un sentido más amplio. Precisamente esta convergencia en el bien común de nuestras tareas, es la que requiere dirigirnos a Ud. y, por su intermedio, a todos los Señores Diputados de la Nación, para que tengan en cuenta estas consideraciones, referidas a diversos proyectos de ley, en estudio en vuestra honorable Cámara. Me refiero en concreto a los expedientes cuyos números de ingreso son: 1854-D -2008 y 1737-D-2009, referidos a la pretensión de legalizar las uniones del mismo sexo con el status jurídico del matrimonio.
Al respecto, resulta obvio decir que cada cosa diferente debe tener su propia denominación. Por ejemplo, no se puede llamar perro indistintamente al gato y al perro; puesto que son dos animales diferentes. Ambos son mamíferos, vertebrados y cuadrúpedos, pero ¿qué duda cabe que un perro es un perro y un gato es un gato?, son dos realidades diferentes.
Con relación a estos proyectos de ley, nos vemos en la obligación de explicar a los diputados firmantes de los mismos que, así como un perro no es un gato ni viceversa, la unión estable de un varón y una mujer abierta a la vida –desde siempre conocida como matrimonio, que deriva del latín matri munus, o sea “el oficio de la madre”, es algo completamente diferente a cualquier otro tipo de unión con connotaciones sexuales. En las convivencias homosexuales va de suyo que no hay madre posible, ni nadie que realice su misión, tampoco hay marido ni mujer, no hay esposos, no hay hijos... En síntesis, no hay nada que tenga que ver con el matrimonio.
En un análisis sintético pero más profundo de la cuestión, es también evidente que los matrimonios de verdad –no las caricaturas de los mencionados proyectos de ley-, son necesarios para la subsistencia y el progreso de la República Argentina. Necesitamos más habitantes que aseguren el recambio poblacional, y que nos permitan con su trabajo, hacer producir las inmensas riquezas naturales de nuestra Patria común. Ya lo descubrió Aristóteles cuatro siglos antes del nacimiento de Cristo. El bien común depende de las familias fundadas en verdaderos matrimonios. Y es esa función insustituible de bien común, la que justifica la regulación especial y privilegiada del matrimonio y la familia.
En cambio, las uniones del mismo sexo, no sólo no edifican el bien común, sino que lo dificultan seriamente. Significan por definición: menos matrimonios, menos hijos, menos familias. Si ese efecto negativo fuera promovido por las leyes, ya no se podría hablar de “bien” común, sino que habría que calificarlo como una legislación que promueve el “mal común”. Lamentablemente debemos constatar que estamos en presencia de una decadencia moral, que cuando es profunda y estable, termina afectando la capacidad de percibir la realidad tal cual es. Por lo tanto, el bien común exige no legalizar ni promover estas uniones antimatrimoniales.
Para favorecer a las mismas se esgrimen razones afectivas y se aduce que no podrían coartarse los afectos de dichas personas. En realidad, ni el derecho ni las leyes se meten con los afectos de nadie. Si los afectos tuvieran alguna relevancia jurídica, habría por ejemplo: un registro de amigos, el afecto más natural y abarcativo en la vida de toda persona humana; además, en materia de matrimonio, sería un requisito para la validez del mismo, que haya amor entre los contrayentes. Sin embargo, jamás existieron ni una cosa ni la otra. Sencillamente porque los afectos quedan al margen de todo ordenamiento jurídico. Si los cónyuges se casan por amor, por dinero o cualquier otro interés, es asunto suyo. No interesa a las leyes ni a los jueces. Únicamente les incumbe a ellos y al Justo Juez que los juzgará –como a todos, y allí no habrá inmunidad parlamentaria que valga-, en el Juicio Universal.
No podemos dejar de subrayar que se aduce a favor de dicha regulación, la necesidad de contar con una protección jurídica por diversas razones de tipo económico. Esto es igualmente falso. En efecto: en materia de previsión social, cada homosexual puede –y debe- aportar a la Caja de Jubilaciones y Obra Social que le corresponda, y tendrá la cobertura que corresponda en justicia a cualquier ciudadano. Va de suyo, que sería injusta la pretensión de alguna pensión como conviviente. Ello por muchos motivos, ya que también conviven hermanos, tíos con sobrinos u otros parientes, sin que ello de lugar a pensión de ninguna naturaleza. Simplemente porque la pensión es justa cuando premia a quien, para atender a la familia –en especial a los hijos-, no pudo trabajar fuera de su casa, o lo hizo en forma limitada. Pero aquí no hay familia, ni sacrificio de ninguna especie. Es más, si se dieran pensiones a los convivientes del mismo sexo, necesariamente disminuiría la compensación a los verdaderos esposos, que como fruto de su amor hacen posible la subsistencia de la Nación. Tales prestaciones serían gravemente injustas y contrarias al bien común. Un nuevo “mal común”.
Y en cuanto a la adquisición y disposición de los bienes, las reglas jurídicas del condominio y la sociedad de hecho son suficientes para proteger económicamente a los convivientes del mismo sexo. Se que este es un punto sensible, por la sencilla razón que las convivencias homosexuales son de una notable fragilidad; en general duran muy poco como muestran todas las estadísticas de todos los países del mundo. No se trata de una observación académica, pero apunta al corazón antropológico de la cuestión: el que es igual no puede complementarme, puesto que sólo puede aportarme lo que ya poseo y, por eso mismo, no lo necesito. Todos los seres humanos tenemos la certeza de nuestra imperfección, no sólo porque hay quienes tienen nuestras mismas dotes de modo más elevado, sino que nuestra falta de perfección es aún más profunda: la especie humana se integra con los dones y el genio de la mujer, más los dones y el genio del varón. Solos, siempre estaremos incompletos.
Finalmente, debemos recordar a los Señores Diputados, que los tratados de derechos humanos con jerarquía constitucional, sólo reconocen la familia basada en el matrimonio heterosexual (Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, art. 23, inc. 2 y Convención Americana sobre Derechos Humanos, art. 17, inc. 1, entre otros textos). Los proyectos de marras son, pues, inconstitucionales.
Ahora bien, y para concluir: si las uniones homosexuales no son ni podrán ser nunca un matrimonio –sino más bien todo lo contrario: un verdadero antimatrimonio-, además, su promoción va directamente contra el bien común –para transformarse en un verdadero mal común-. Y a ello, le añadimos que los afectos quedan al margen del derecho y las leyes; y que existen otras alternativas ya legisladas, que son aptas para regular las relaciones económicas entre los integrantes de dichas uniones. Sumados todos estos elementos explicados muy sintéticamente, va de suyo que dichos proyectos de ley deben ser archivados lo antes posible.
Señor Presidente y distinguidos Señores Diputados, reciban Uds. un afectuoso saludo, nuestra bendición y oración por vuestra importante tarea legislativa, todo ello en Cristo Jesús , que es la Vida y la fuente de todos los auténticos valores.
¡ DIOS ES AMOR!
Baldomero Carlos Martini , Obispo de San Justo
Damián Santiago Bitar, Obispo Auxiliar de San Justo
Fuente: notivida.org
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miércoles, 4 de noviembre de 2009

El lado oscuro de la Copa del Mundo Sudáfrica 2010

“Esperamos un fuerte aumento en el tráfico de mujeres obligadas a la prostitución con ocasión del Campeonato Mundial de Futbol que se realizará en Sudáfrica en el 2010”, afirmó en un coloquio con Agencia Fides el P. Chris Townsend, portavoz de la SACBC (Conferencia Episcopal de Sudáfrica, Botsuana y Suazilandia).
“Sudáfrica se ha convertido en una suerte de ‘puerto’ para el tráfico de personas”, afirma el P. Townsend. “Organizaciones criminales de todo el mundo, nigerianas, italianas, libanesas, chinas, envían a Sudáfrica miles de mujeres para que se prostituyan en nuestro país, otras en cambio son enviadas a Europa o a los países del Golfo Pérsico, con el mismo objetivo. La llegada de miles de turistas y aficionados para el Mundial de Futbol se ha convertido en una ocasión muy propicia para las diversas organizaciones que manejan el negocio de la prostitución y el tráfico de seres humanos. Ya están llegando miles de mujeres de todo el mundo, no sólo de los países africanos, sino también del Asia y de Europa”.
La Iglesia Católica junto con otras comunidades cristianas y diversas organizaciones no gubernamentales ha iniciado una campaña de sensibilización y de formación de la población para reconocer y ayudar a las personas que son víctimas de este flagelo. “La campaña se está desarrollando sobre todo en las parroquias: enseñamos a las personas a estar alertas y a señalar la presencia de mujeres que puedan estar siendo obligadas a prostituirse. Sabemos muy bien que hay mujeres que se prostituyen por propia elección; con ellas es más difícil intervenir para ayudarlas a cambiar de camino. Pero también hay miles de mujeres que son obligadas a prostituirse, a través del engaño, la violencia, con amenazas para ellas o para sus familiares que están en sus países de origen. Frecuentemente estas mujeres no poseen documentos, tienen dificultad para expresarse en inglés y temen dirigirse a las autoridades. Con estas personas los voluntarios católicos buscan instaurar un diálogo e iniciar un camino que les permita salir de la pesadilla en la que han sido puestas por manos criminales. Nuestro primer deber es la acogida de estas personas”, afirma un portavoz de la SACBC.
La campaña contra la trata es manejada por el Counter Trafficking in Persons Desk (CTIP), un proyecto dirigido por la SACBC y por la Leadership Conference of Consecrated Life (LCCL) de Sudáfrica, bajo la inspiración de 6 congregaciones religiosas femeninas que tienen su casa general en Sudáfrica.
El programa de ayuda a las víctimas del tráfico es el aspecto más importante de la fuerte respuesta que la comunidad católica ha dado a la llamada de la FIFA (Federación Internacional de Futbol Asociado, que organiza el Mundial) para lograr al menos 50 mil voluntarios para la World Cup. La llamada ha sido acogida con entusiasmo por los sudafricanos, a tal punto que el número de aspirantes voluntarios es ya el doble de lo que se requiere. Para ofrecer información sobre las actividades de la Iglesia relativas a la World Cup, la SACBC ha abierto una página web (2010 World Cup: Church in the Ball!, en la siguiente dirección: http://www.churchontheball.com/).
“Los voluntarios católicos quieren ofrecer una ayuda espiritual y cultural a los aficionados: entre uno y otro partido hay mucho por descubrir en nuestro país acerca de la presencia de los cristianos. Queremos hacer algo para que los aficionados no piensen sólo en ir al estadio, en beber y en divertirse, sino a que también abran los ojos a la realidad sudafricana”, concluyó el P. Townsend.
Fuente: Agencia Fides
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martes, 3 de noviembre de 2009

El poder del Amor

El amor es la fuerza espiritual más grande, la que mueve la historia de la humanidad de manera ascendente. Aún con todas las involuciones propias del pecado, el amor nos aglutina, nos perfecciona y nos hace aspirar a lo pleno, a la presencia divina que todo lo envuelve. Somos frutos del amor y lo mejor que nos ha pasado en la vida, los momentos cumbres, han sido provocados por el amor.
Recuerde aquellas palabras profundas que cambiaron su vida. Fueron pronunciadas con amor.
Todos los grandes héroes, los santos, los mártires, los que han dejado una huella de altruismo, entrega, valentía, honestidad, fidelidad han sido movidos por el amor. Y realmente el amor es Dios. Detrás de todo lo bueno que ha ocurrido a la humanidad está Dios, fuente del amor y de la verdad, de la belleza y de la paz. Y Él nos ama siempre.
¿Cómo nos ama Dios? Dios nos ama con todo su ser, incondicionalmente, a pesar de todos nuestros pecados, desbordando en nosotros su Misericordia infinita. Es un amor que es para siempre, fundamentado en la alianza hecha por Jesucristo al derramar su sangre en la cruz y que es recibido ya en esta vida pero que será saboreado en el cielo, eternamente, sin límites.
Su paternidad divina se nos revela continuamente y nos llama “hijos amados” en la Palabra y en las vivencias Eucarísticas, en la oración personal y comunitaria, en inspiraciones e iluminaciones, a través de personas, acontecimientos y aún en el sufrimiento y en los fracasos. Dios siempre nos está manifestando su amor y en la experiencia del perdón recibido de él, como el “hijo pródigo”, somos acogidos en el corazón del Padre sin ningún reproche de su parte y tratados como hijos suyos en Cristo Jesús. Dios siempre nos contempla amándonos.
“El amor no cansa ni descansa” e implica salir de sí hacia la persona amada, nos dice Juan de la Cruz. El amor es entrega, paciencia, perseverancia, tolerancia, armonía, confianza, perdón, reconciliación. El que ama se olvida de sí mismo, busca complacer al que ama, lo ayuda a crecer integralmente, está con él en las buenas y en las malas, demostrando su fidelidad en los momentos difíciles del otro.
Sabe corregirlo cuando falla, comprende sus deficiencias, lo alienta en sus metas y busca que se realice. El que ama de verdad no intenta poseer a la otra persona, ni hacerla a su propia medida, sino que respeta su individualidad y sus criterios. Quiere que el otro sea mejor, cada vez más pleno en todos los aspectos.
El amor es más que un sentimiento, es una opción que marca la vida de uno al entregarla a los demás. Es una decisión lúcida de darse sin esperar nada en cambio, buscando la perfección en todos los campos de las personas que uno ama. El que ama lo demuestra con acciones concretas que promueven el bienestar del otro y que se realizan en el momento adecuado sin importar cuánto sacrificio implica el hacerlas. El que ama deja de pensar y centrarse en sí mismo, rompe los apegos que le impiden darse y está pendiente de las necesidades de los demás.
El que ama de verdad no pone condiciones ni se da calculadamente, ni ve al otro como un ser al que se puede manipular, cosificar, usándolo de acuerdo a sus instintos o intereses creados. No engaña a la otra persona con promesas falsas ni la traiciona, abandonándola cuando ya no le sirve. El que ama es sincero en su relación con los demás, siendo transparente en todos sus actos.
El que ama está en Dios porque Él es amor. Mientras más puro sea el amor, más estamos en comunión con el Señor. Solamente amaremos de esa manera, primero a Dios y luego a los demás, en la medida en que experimentemos el amor divino. Realmente Él nos ha amado primero y no deja de amarnos. El drama nuestro consiste en no tomar conciencia de ese amor total, incondicional y pleno de Dios. Solamente en el silencio y la meditación, leyendo la Palabra y en la comunidad podremos descubrir cuánto nos ama Dios.
Contemplando el misterio de la pasión y muerte de Jesucristo podremos entender en algo la inmensidad del amor de Dios. ¡Cuánto nos ha amado Dios que entregó a su propio hijo por nosotros!
Tenemos que amar como Él nos ha amado, sabiendo que debemos luchar contra nuestro egoísmo y soberbia que impiden una entrega total; pero si le pedimos a Él con fe y esperanza, Él nos dará la fuerza para amar, ya que con Dios somos invencibles. Amén.
Por Mons. Rómulo Emiliani
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lunes, 2 de noviembre de 2009

Conmemoración de los Fieles Difuntos

La Conmemoración de los Fieles Difuntos, popularmente llamada Día de Muertos o Día de Difuntos, es una celebración cristiana que tiene lugar el día 2 de noviembre, cuyo objetivo es orar por aquellos fieles que han acabado su vida terrena y, especialmente, por aquellos que se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio.
La práctica de orar por los difuntos es sumamente antigua. El libro 2° de los Macabeos en el Antiguo Testamento dice: "Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados" (2 Mac. 12, 46); y siguiendo esta tradición, en los primeros días de la Cristiandad se escribían los nombres de los hermanos que habían partido en la díptica, que es un conjunto formado por dos tablas plegables, con forma de libro, en las que la Iglesia primitiva acostumbraba a anotar en dos listas pareadas los nombres de los vivos y los muertos por quienes se había de orar.
En el siglo VI los benedictinos tenían la costumbre de orar por los difuntos al día siguiente de Pentecostés. En tiempos de san Isidoro († 636) en España había una celebración parecida el sábado anterior al sexagésimo día antes del Domingo de Pascua (Domingo segundo de los tres que se contaban antes de la primer de Cuaresma) o antes de Pentecostés.

En Alemania cerca del año 980, según el testimonio de Widukind, abad de la Corvey, hubo una ceremonia consagrada a la oración de los difuntos el día 1 de noviembre, fecha aceptada y bendecida por la Iglesia.
San Odilón u Odilo en el 980, abad del Monasterio de Cluny, en el sur de Francia, añadió la celebración del 2 de noviembre como fiesta para orar por las almas de los fieles que habían fallecido, por lo que fue llamada "Conmemoración de los Fieles Difuntos". De allí se extendió a otras congregaciones de benedictinos y entre los cartujos; la Diócesis de Lieja la adoptó cerca del año 1000, en Milán se adoptó el siglo XII, hasta ser aceptado el 2 de noviembre, como fecha en que la Iglesia celebraría esta fiesta.
En la Iglesia Católica, para esta celebración se recita el Oficio de Difuntos y las Misas son de Réquiem, excepto cuando el 2 de noviembre cae en domingo, pues no se puede celebrar misa de exequias o de difuntos en domingo, razón por la que los cristianos orientales celebran esta fiesta en sábado, aunque puede pasarse al 3 de noviembre.
En España, Portugal y América es tradición que los sacerdotes celebren tres misas ese día. Una concesión parecida se solicitó para todo el mundo al Papa León XIII, pero aunque no la concedió, sí ordenó un Réquiem especial en 1888.
La Palabra de Dios dice en el Antiguo Testamento: Levíticos 20:26 Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos. Levíticos 20:27 Y el hombre o la mujer que evocare espíritus de muertos o se entregare a la adivinación, ha de morir; serán apedreados; su sangre será sobre ellos. Biblia Reina-Valera 1960.
Texto que contradice El libro 2° de los Macabeos por lo cual se cree que no se debe invocar a los muertos en ninguna de sus formas. El libro de los macabeos no forma parte del Canon protestante.
La tradición de asistir al cementerio para rezar por las almas de quienes ya abandonaron este mundo, está acompañada de un profundo sentimiento de devoción, donde se tiene la convicción de que el ser querido que se marchó y pasará a una mejor vida, sin ningún tipo de dolencia, como sucede con los seres terrenales.
En Francia, la gente de todos los rangos y credos decora los sepulcros de sus muertos en el Jour des morts.
En México esta celebración se combinó con elementos indígenas y del sincretismo resultó una original celebración en el Día de Muertos, distinta de las otras naciones católicas.
En las zonas andinas de Sudamérica, especialmente en Ecuador, Perú y Bolivia, la costumbre es preparar e intercambiar entre familiares y amigos las guaguas de pan para consumir con la chicha morada que en algunas áreas rurales son también ofrendas principales en los cementerios.
Fuente: wikipedia
Editado por Antonio
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