lunes, 16 de noviembre de 2009

Un periodista relata su conversión

"He escrito 23 libros, todos de investigación religiosa, pero siempre había rechazado contar mi conversión. Mis lectores saben que en mi vida hay un antes y un después. Saben que no he nacido católico y que he tenido una educación muy anticlerical y muy antirreligiosa. Y saben que ahora soy un católico 'papista' ortodoxo, y tienen mucha curiosidad por saber cómo pasó. ¿Por qué? ¿Qué ha sucedido en su vida?
Cómo de anticlerical he pasado a ser un católico riguroso en el pensamiento, no tanto en la vida. Porque yo no me presento como un beato. Soy como todos, un pecador que hace muchas cosas incoherentes.
"He sido muy celoso de mi vida íntima, no me he animado a contarla. Pero en efecto, la conversión es un misterio y es muy difícil contar un misterio. Mi trabajo está en las palabras, soy periodista y escritor, trabajo con ellas. Pero me resultaba muy difícil encontrar las necesarias para contar este misterio. No soy un místico, no soy un visionario. Siempre he sido una persona muy pragmática, muy concreta, muy racional. Pero, no sé por qué, hubo un periodo en mi vida, de unos dos meses en un verano, donde encontré una nueva dimensión en la que la verdad, que pensaba que no existía en mayúsculas, se me hizo evidente. Está en el Evangelio.
"Yo era un buen estudiante, me encantaba estudiar y me preparaba no sólo para ser periodista, sino también profesor universitario y había leído muchísimos libros, pero ese pequeño libro que es el Evangelio no lo había leído. No sospechaba que en él estuviera la Verdad.
"Ahora he continuado usando la razón como antes, pero abierto al misterio. Mis maestros me enseñaron a usar la razón pura, pero he descubierto que usándola, al final de la razón siempre se llega al misterio. En todos mis libros he buscado razonar. No he trabajado la predicación, la espiritualidad, la homilía. Trato de ayudar al lector a razonar sobre la fe y al final, apostar por la veracidad de la fe.
"Hace cuarenta años de mi 'fractura' y en este tiempo he razonado y estudiado mucho, pero sobre todo he vivido y he encontrado que el fruto de mi razonamiento encontraba sentido en la vida completa. El Evangelio cuenta que los discípulos preguntaron a Jesús quién era. Él no les da sermones, no les ofrece razonamientos, les decía: 'Ven y sígueme'. Ven conmigo, vive conmigo y verás que soy el Mesías. El cristianismo no es una filosofía, no es una ideología. Es un encuentro de dos personas.
"Para mí la fe fue una sorpresa. No la buscaba, estaba bien. No tenía ninguna preocupación religiosa. Me bastaba la cultura laicista y racionalista de mis maestros. No deseaba ser católico. La fe no me ha resuelto los problemas de la vida. Al revés, me la complicó. Porque yo venía de una familia no creyente. Estudié en una escuela más que laica, laicista. Me preparé para ser periodista, siempre tuve una gran vocación. Pero periodista de asuntos políticos, sociales y económicos. En mi último año de universidad tenía la vida programada y tuve que cambiar por completo el programa. A mis padres les pareció que me había vuelto loco y mis profesores se mostraron atribulados y decepcionados. Pensaban que 'lo mío' tendría que ver con una depresión nerviosa. ¡Cómo un discípulo de nuestro laicismo se puede hacer católico! Fue muy duro, porque uno puede pensar que la fe resuelve todos los problemas.
"Por supuesto que estoy muy contento y feliz de tener problemas, pero efectivamente fue una ruptura grande. En todo caso, he tenido la fortuna de trabajar para grandes periódicos como La Stampa, el diario de la FIAT y también con Il Corriere de la Sera. Pero siempre hablando de asuntos religiosos, que es lo contrario que yo pensaba en un principio. Al final encontré mi sitio, pero fue duro cambiar por completo mis planes.
"No existe contradicción entre la fe y la razón. No hay una batalla. La fe es el punto de llegada de la razón usada hasta el final. Estoy muy agradecido de lo que me enseñaron mis maestros universitarios, aunque luego renegaron de mí. Yo no he renegado de ellos, porque me habituaron a usar la razón y ser creyente no significa renunciar a la razón, sino usarla al máximo. A estos maestros, a los que estimo, les achaco el haber convertido la razón en una ideología, el racionalismo, donde no hay nada más allá de la razón. Han de comprender que hay cosas más allá de la razón, que no están contra ella. Y les anima usarla hasta el final.
"La mitad de mis lectores en Italia son creyentes, y la otra mitad no. La mayoría de estos últimos no están de acuerdo con mis conclusiones, pero siguen con agrado el razonamiento. Lo que trato de demostrar es que el cristiano no es un cretino, no es alguien que renuncia a usar la razón. El cristiano es quien usando la razón, rompe los muros del racionalismo para llegar a una realidad cierta que es más grande que nuestra propia razón."
Vittorio Messori

Vittorio Messori, es un periodista y escritor italiano, considerado como el escritor de temas católicos más traducido del mundo. Sus obras más influyentes han sido "Hipótesis sobre Jesús" (1977) e "Informe sobre la fe" (1987) (entrevista con el cardenal Joseph Ratzinger). Fue el primer periodista en publicar un libro entrevista con Juan Pablo II, que se publicó en un libro titulado "Cruzando el umbral de la esperanza" (1994).
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viernes, 13 de noviembre de 2009

Misa en la Basílica de Luján por el Año Sacerdotal y la Misión Continental


Homilía de monseñor Luis H. Villalba, arzobispo de Tucumán y vice presidente primero del Episcopado en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Luján en el marco de la 98° Asamblea Plenaria de los obispos argentinos para rezar por el Año Sacerdotal y la Misión Continental (Luján, 11 de noviembre de 2009
Queridos Hermanos:
1. La Providencia de Dios quiso que el camino pastoral que venimos recorriendo como Iglesia en la Argentina, orientado por Navega Mar Adentro, fuera confirmado por la Conferencia de Aparecida.
El Documento de Aparecida nos dice: “Hoy, toda la Iglesia en América Latina y El Caribe quiere ponerse en estado de misión” (nº 213). Y más adelante expresa: “Esta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos y de cualquier institución de la Iglesia” (nº 365).
Hoy el Episcopado Argentino llega hasta la Basílica de Luján para depositar a los pies de Nuestra Madre este compromiso de animar y llevar adelante la Misión Continental, que busca poner a la Iglesia en estado permanente de misión.
2. En el Evangelio que acabamos de escuchar Jesús dijo a sus discípulos: «Crucemos a la otra orilla» (4,35).
Es interesante meditar este texto evangélico.
Jesús, después de pasar cuarenta días en el desierto, comienza su ministerio público. Enterado de que Juan el Bautista había sido arrestado, se retiró a Galilea (cf. Mt. 4,12). Allí va recorriendo la región proclamando el Evangelio, obrando milagros y llamando a los discípulos. Galilea es el lugar donde Jesús enseñó, hizo caminar al paralítico, le dio la vista al ciego, multiplicó los panes, calmó la tempestad en el lago.
Jesús eligió a Cafarnaún como lugar de residencia, allí tenía su casa. “Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún”, dice el Evangelio (Mt. 4,13). Y desde ese momento Cafarnaún sería su ciudad, como dice Mateo: “Y regresó a su ciudad” (Mt. 9,1), que era bastante populosa y situada en el centro de la región. Desde allí recorría toda la Galilea.
Dice san Marcos que “mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a comer con él y sus discípulos; porque eran muchos los que lo seguían” (Mc. 2,15).
Así Jesús estaba en “su ciudad” (Cafarnaún) y en “su casa”, lugar familiar, tranquilo, seguro, conocido, y decide “cruzar a la otra orilla”.
“Cruzar a la otra orilla” es dejar su “hogar”, su ciudad, su “casa”. “Cruzar a la otra orilla” es dejar la seguridad. La barca es insegura, se mueve. “Cruzar a la otra orilla” es enfrentarse con el peligro y las amenazas del mar: “Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua” (Mc. 4,37). "Cruzar a la otra orilla” es ir a otro territorio: a la región de Gerasa, que pertenece a la Decápolis, a otra cultura, a gente pagana (Mc. 5,1).
Al llegar a la otra orilla del Mar, en Gerasa, Jesús cura al hombre poseído por un espíritu impuro. La curación del poseso es signo de la llegada del Reino. Jesús es el enviado de Dios que trae al mundo la salvación (Mc. 5,2-20).
3. También a nosotros se nos está pidiendo “cruzar a la otra orilla”.
La razón de esta travesía es la salvación de todos los hombres: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt. 28,19); “Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación” (Mc. 16,15).
A este compromiso de anunciar el Evangelio a todos los hombres estamos llamados todos los bautizados. El deber misionero nace de la misma fe. Esto cuesta, provoca resistencias. Es poner en práctica el estilo pastoral que acabamos de ver en Jesús.
El Documento de Aparecida nos habla de “conversión pastoral y renovación misionera de las comunidades” (cf. nº 365).
Conversión pastoral es dejar nuestra casa, nuestro grupo, lo conocido, nuestra seguridad, y decidirnos a “cruzar a la otra orilla”. Es subirse a la barca, que es siempre insegura, es enfrentarse con las amenazas del mar y es adentrarnos en otro territorio en búsqueda de otra gente. Ciertamente se trata de cristianos alejados de la Iglesia, que no se sienten Iglesia, y a los que necesitamos salir a buscar y proponerles a Jesús.
“Cruzar a la otra orilla” es salir a las periferias territoriales y existenciales adonde habitualmente no llegamos.
No podemos contentarnos haciendo lo que siempre hicimos. Debemos preguntarnos si Dios no nos está pidiendo abrir nuevos caminos pastorales. En este sentido, una simple “pastoral de conservación” no alcanza (cf. DA 370).
La comunidad parroquial y todas las comunidades y grupos deben no sólo reunirse con los "propios", sino abrirse a todos y realizar encuentros con la gente alejada de la vida de la Iglesia. Deben mantener un diálogo con las diversas realidades sociales y culturales. Se trata de que la parroquia y las otras comunidades, además de alimentar la vida cristiana de los fieles, como ciertamente lo hacen, evangelicen también a las personas y a los sectores alejados de la fe y de la práctica cristiana.
Pero esta acción no se puede considerar como una “parte” de la pastoral, una de las muchas cosas que hay que hacer; se trata, más bien, de un objetivo que afecta y condiciona la vida entera de la comunidad en todas sus tareas. Dicho de otro modo: la pastoral debe enfocarse en todos los sectores y en todas las acciones desde la perspectiva de la evangelización misionera.
Se necesita el coraje de Cristo para “cruzar a la otra orilla”. ¿Cómo no pensar en tantas personas que habiendo recibido el Bautismo, no comparten con nosotros el compromiso y la alegría de la vida eclesial y de la “practica” de la fe?
La Iglesia nos está llamando a que asumamos con “un dinamismo nuevo” nuestra responsabilidad con el Evangelio y con la humanidad. Se nos está pidiendo disponernos a la evangelización y no encerrarnos en nuestras comunidades. Se nos está pidiendo echar una mirada sobre el vasto mar del mundo a fin de que todo hombre encuentre a Jesucristo, como el sanado de Gerasa.
Hoy, la Iglesia necesita hacer un esfuerzo importante para presentar la fe cristiana de un modo atrayente. Para ello hay que revitalizar la propia comunidad cristiana renovando actitudes, y purificando las estructuras caducas. Y, además, hay que descubrir los caminos más aptos para comunicar la Buena Noticia.
Renovarse para evangelizar mejor: esto es lo que hoy dice el Espíritu a la Iglesia.
4. Queridos Hermanos:
Con ocasión del 150º aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars, San Juan María Vianney, estamos celebrando un Año Sacerdotal especial, convocado por el Papa Benedicto XVI. La intención de este Año es “favorecer el ansia, la vocación, de los sacerdotes hacia la perfección espiritual de la cual depende, sobre todo, la eficacia de su ministerio”. Además, en este Año Sacerdotal se quiere prestar una particular atención a la prioritaria promoción de las vocaciones al ministerio ordenado.
Hoy tenemos la gracia de tener entre nosotros el corazón del Santo Cura de Ars. Por distinta que sea la época del Cura de Ars y la nuestra, su ejemplar entrega al servicio del Reino de Dios es un estímulo y un ejemplo a imitar en la vida de cada sacerdote. Sin dudas que debemos recoger el testimonio del Cura de Ars, poner la mirada en su peculiar manera de vivir santamente al frente de una parroquia y ver cómo supo afrontar con realismo el aquí y ahora de su tiempo y cumplir la misión sacerdotal de encarnar el Evangelio en el contexto cultural de su hora.
Pidamos a Nuestra Señora de Luján por todos los sacerdotes, por su perseverancia y santificación y pidamos por las vocaciones sacerdotales para nuestra Nación.
Mons. Luis Héctor Villalba, arzobispo Tucumán
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jueves, 12 de noviembre de 2009

Para conquistar la gracia que Dios tiene preparada

Esta nota es para animarte, para que entiendas, comprendas y te lances, a que puedas llegar a esa gracia que Dios tiene reservada para vos, esa gracia que aún no conoces ni ves, porque Dios no desecha las gracias regaladas, sino que las tiene ahí con Él para que podamos ir a buscarlas.
Le preguntaron a un hombre, donde estaban todas las riquezas potenciales del mundo? El respondió dubitativamente -¿En los bancos?-.
La respuesta correcta es: en el cementerio. En el cementerio se encuentran las riquezas potenciales más grandes del mundo, ahí yacen las gracias que se fueron y que nunca pudieron ser.
Para quienes caminamos la fe, no poder alcanzar esa gracia, es dejarla morir....en el cementerio, el talento enterrado (Lucas 19:12-27).
Ahí podemos encontrar enterrados:
- los proyectos que nunca pudieron ser
- el libro que nunca se publico
- la alabanza que nunca se cantó
- el disco que nunca salió
- la familia que nunca fue
- la enfermedad que nunca se curó
- la carrera que nunca se terminó
- el trabajo que nunca llegó
- el amor que nunca se encontró
- el compartir que nunca fue....
La vida que siempre soñaste, pero que nunca pudo realizarse, por causa pura y exclusivamente tuya, por no decidirte llegar a la gracia que Dios tenía...ahí...a tan solo unos pasos, a tan solo una decisión, a tan solo una oración, una entrega. ¿Porque? Porque hubo algo que no aceptaste, que te mentiste a vos mismo, que pensabas: "que no podías cambiar y que no era para vos". Todas y cada una de esas justificaciones sin sentido e infantiles que inventabas, para que no pudieras SER lo que Dios tenía pensado.
Para que esa riqueza que Dios tiene en vos, que aún no conoces, no sea enterrada y olvidada... que sea pasada por el ¡NOMBRE Y LA SANGRE DE JESÚS! Porque no hay nada que el Señor no pueda hacer en vos. Y para eso es necesario que camines en la luz, la verdad y la justicia, animándote a:
- Sincerarte
- Arrepentirte
- Aceptarte
- Involucrarte
- Revertirte
- Reconciliarte con el Señor.
Vos te conoces muy bien y esto hará que te conozcas aún mas, para que así confíes, en el Señor y puedas llegar a la gracia que Él tiene para vos. "Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no fue estéril en mí, sino que yo he trabajado más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios que está conmigo."(1 Corintios15, 10-11).
Solo con la gracia de Dios, la decisión, y la entrega de tu vida, vas a:
- Cumplir cada uno de tus proyectos
- Publicar ese libro
- Alabar a Dios
- Sacar ese disco
- Formar la familia
- Sanar tus heridas
- Terminar tu carrera
- Tomar ese trabajo
- Encontrar el amor
- Compartir tu vida
Lo mío es tuyo...Señor.
Por Mariano Sabiche MPD
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miércoles, 11 de noviembre de 2009

Noches oscuras, indispensables para el crecimiento espiritual

Varios lectores de The Healing Line han escrito amablemente para decir que realmente apreciaron el artículo sobre la sequedad espiritual, publicado en nuestra edición de mayo/junio de 2009, y su valor en nuestra vida espiritual. Y como hablé de la primera "Noche de los sentidos", preguntaron sobre las demás.
La idea básica es muy simple, y es que nuestro crecimiento espiritual es por lo general un crecimiento gradual, y es básicamente una lucha contra nuestro egoísmo natural. De hecho, la mejor traducción de "carne" ("sarx" en el original griego), en los famosos pasajes sobre la "carne" luchando contra el espíritu, es "egoísmo" en lugar de "carne", que por lo general sugiere pecados sexuales. El pecado más profundo contra el que siempre luchamos es el egoísmo, en contraste con el amor mutuo. La razón por la que necesitamos la ayuda de Dios es que por lo general al principio no nos damos cuenta de lo centrados en nosotros que realmente somos. Cuando nos convertimos por primera vez, normalmente nos convertimos parcialmente, pero después de la conversión ocurren algunos cambios reales. Puedo dejar algunos pecados graves, como emborracharme los fines de semana. Pero ahora mi egoísmo crece una pizca. Por ejemplo, ahora puedo ofrendar a los diversos ministerios, pero puedo tener diversos motivos. Además de querer ayudar a difundir el Evangelio, es posible que desee recibir una bendición material del ciento por uno. Asistimos a las uniones de oración, y la razón por la que realmente asistimos es que estamos entusiasmados con las sesiones de música: estamos muy contentos y decimos que hemos experimentado la "Unción", y que este predicador en
particular es verdaderamente ungido y "lleno del Espíritu".
Y eso puede ser; es bueno tener una linda experiencia, pero también puede ser simplemente que buscamos un pico emotivo, y así vamos de iglesia en iglesia, en busca de una reunión "ungida". En cierto modo, esto es bueno, pero estos sentimientos de felicidad son sólo una parte de la vida, y podemos estar yendo a una iglesia en particular porque el predicador apela a estos sentimientos de alegría. Pero los sentimientos nunca duran, porque la verdadera espiritualidad también depende de nuestra disposición a sufrir cuando nos ocupamos de los enfermos y visitamos a los presos, los mismos criterios que Jesús dijo que utilizaría para separar a los que serán salvados, las ovejas de los cabritos (Mateo 25).
Lo que Dios hace en la primera noche oscura, la noche de los "sentidos", es eliminar algo de nuestra excesiva dependencia de los incentivos emocionales que tenemos para ser cristianos. Las diferentes noches oscuras son simplemente Dios despojándonos de nuestro egoísmo a niveles cada vez más profundos. El nivel uno es ser despojado de los incentivos emocionales que primero nos atrajeron: la alegría, el entusiasmo de la música llena del Espíritu, de los grandes anuncios, de sentir que cae el peso de los pecados. Todas estas cosas son buenas, pero naturalmente las sentimos cada vez menos, a medida que nos acostumbramos a ellas. "Ya lo viví. Ya lo hice". Cantar villancicos en Navidad me atrae más que visitar a alguien en la cárcel.
Pero en las noches oscuras del alma, Dios nos despoja de nuestro apego innecesario a los picos emocionales y nos libera del egoísmo más profundo. Nuestras certezas intelectuales y el orgullo intelectual son los próximos en partir; podemos empezar nuestro camino cristiano consolados por pertenecer a una Iglesia que creemos es la mejor y más fiel, la Iglesia que sentimos que es espiritualmente superior. Pero
somos humillados al encontrar cristianos fuera de nuestro grupo que aman más que nosotros. Empezamos a luchar con dudas, incluyendo las dudas acerca de si somos algo más santos de lo que éramos hace diez años. Ahora nos aburren los predicadores que solían inspirarnos. Peor ún, estamos desilusionados por las caídas de la gracia que podemos ver en nuestros héroes en la fe.
Lo que Dios está haciendo es tratando de profundizar nuestra fe y de que nos aferremos al ideal de imitar a Jesús siendo fiel a nuestros ideales por fe, que es por definición algo que no podemos ver. Podemos sentir como Jesús en la cruz: "¿Por qué me has abandonado?"
Es sólo a través del sufrimiento y de superar las decepciones de la vida que no son de tu elección. Pedro fue el líder fuerte de la Iglesia primitiva, pero para su crecimiento personal necesitaba ser curado de su propia voluntad, como todos nosotros. Al final del Evangelio de Juan, Jesús le dice a Pedro que tendrá que ser despojado de su propia voluntad, como todos nosotros:
“Te digo la verdad, cuando eras más joven tú mismo te vestías e ibas donde querías, pero cuando llegues a viejo extenderás tus manos y otro te vestirá y te llevará adonde no quieras”. (Juan 21,18).
De eso se tratan las noches oscuras.
Y al final de la noche viene el amanecer, y veremos a Jesús.
Francis MacNutt
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lunes, 9 de noviembre de 2009

El milagro de Juan

Después de 4 años de noviazgo, nos casamos con la idea de estar un tiempo solos antes de buscar un bebe; para poder consolidar nuestra pareja, y porqué no disfrutar del estar juntos, como un regalo que el Señor nos hacía en aliarnos para siempre.
Pero esos eran nuestros planes. Los del Señor eran otros.
A las pocas semanas nos enteramos que de la luna de miel ya veníamos tres. Y así, se sumaba a nuestra vida, este Caprichito de Dios, que ya latía en mi vientre.
A medida que pasaban los días nuestra familia se consolidaba, y el amor por esa criatura crecía rápidamente.
A los cinco meses, en una ecografía de control aparece el primer susto: un tumor placentario, que estimulaba el útero y se provocaban contracciones que podrían suscitar un parto prematuro cuatro meses antes. Lo único que podía hacerse eran ecografías mensuales, para controlar el tamaño del tumor, y que no molestara al bebe; descontando por supuesto el reposo absoluto. Esto nos atemorizaba, pero lo importante era que el niño crecía sin inconvenientes.
En la ecografía del mes siguiente el Señor nos sorprendió: el bebe tenia líquido alrededor de su corazón. El paso a seguir fue una derivación con una cardióloga infantil, (la mas reconocida en la provincia), que tras un estudio de alta complejidad que examinaba su corazoncito intrauterinamente, determinó “hipertrofia cardiaca producto de la ausencia de la válvula tricúspide”; esto es un corazón de gran tamaño y mal formado porque la arteria que conecta el corazón con los pulmones no estaba. Eso significaba lo que nadie se animaba a poner en palabras en una sola frase: en el mismo momento de que nuestro hijito saliera de la panza y empezara a valerse por sus propios pulmones, no lo iba a poder hacer: EL BEBE NO PODRIA RESPIRAR.
Ese dolor indescriptible que como matrimonio nos unía muy profundamente, no podía paralizarnos. Mas aliados a LA SAGRADA FAMILIA que nunca, comenzamos un doble y difícil camino:
• Desde lo humano tejiendo mentalmente todas las posibles soluciones que se nos ocurrían, y consultándolas permanentemente con el cuerpo médico que nos acompañaba (que se acrecentaba a medida que el caso tomaba más gravedad). Éstas iban desde un nacimiento en otra provincia que contara con médicos especialistas en cirugía coronaria infantil, hasta el traslado inmediato en ambulancia o lo que fuera apenas nacido el bebé.
• Desde la fe: científicamente si esa arteria no se había formado, ya no se formaría. Pero confiábamos en Dios, que como Señor de la naturaleza y de la creación, no podía ajustarse a un postulado científico. Nuestra oración incesante era por el MILAGRO YA OBRADO en el corazón de nuestro pequeñín.
Éramos absolutamente concientes de la gravedad del caso. Pero eso no nos impidió, por Gracia de Dios, disfrutar del Milagro ya existente que el Señor nos invitaba a presenciar: EL MILAGRO DE LA VIDA: EL ESTAR EMBARAZADOS!!!! Esa criatura, (de la que no quisimos saber el sexo hasta su nacimiento), estaba tan aferrada a la vida que nos alentaba minuto a minuto.
Así transcurrieron los meses restantes del embarazo. Teníamos controles semanales con la ginecóloga, y en el último mes las visitas eran día por medio. Las ecografías eran mensuales, y cada tanto la visita a la cardióloga infantil...
Se programó la cesárea para un día y horario en el que todos los especialistas estaban a nuestra disposición, incluidos psicólogos, por si "algo salía mal".
Llego el día: estábamos tan ansiosos de conocer al bebé, y tan confiados del milagro, que no le dimos espacio al temor. A las 8:55 de la mañana del 07 de novmiebre de 2006, día de MARIA, MEDIADORA DE LA GRACIA DE DIOS nació nuestro JUAN FRANCISCO (su primer nombre es por el "amado” de Jesús), con 4.100kg y su corazoncito tan sano como nadie imaginó. Los médicos no podían entender lo que sucedió: “estábamos preparados para todos, menos para esto” dijeron. Solo la fe lo justifica.


Al día siguiente regresábamos a casa con nuestro hijito!!!! (Tal como el Señor nos adelantaba en Su Palabra en la bendición de los hermanos en vísperas de la cesárea en Mc.7,24-30: “Curación de la hija de una cananea”)
Por supuesto hubo estudios y controles que deberán repetirse durante mucho tiempo. El 7 de noviembre de 2009, Juan cumplió 3 años y recibió el alta médica de la cardióloga y sin secuelas de ningún tipo.
Lo más importante y que no podemos dejar de testimoniarle al mundo entero, es que El Poder de Dios, y la Poderosa intercesión de la Sagrada Familia SANARON A NUESTRO HIJO!!!!!!!!! Nosotros vimos moverse las montañas, fuimos testigos de lo que la ciencia creyó imposible.
Nuestro infinito agradecimiento a todos los médicos que nos ayudaron y contuvieron, ya amigos personales luego de tantas y tantas consultas; y a todos los Hermanos del país, sí del país porque el caso de nuestro hijo llegó a muchos lados que después de lo sucedido nos enteramos, que oraron e intercedieron por esto: por el milagro de Juan.
¿Nuestro consejo para quien pase una prueba? Pidan con fe, con la absoluta certeza que el milagro ya está concedido; y si es voluntad de Dios, así será.
En la foto, podemos ver al protagonista de esta historia y, de fondo, al Padre Ricardo.
Por Rosario y Antonio Tallarita
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viernes, 6 de noviembre de 2009

La oración de la fe

Nuestra oración siempre está profundizándose y madurando. Nos movemos, tal vez, más allá de cierto tipo oración, no porque sea mala, sino simplemente porque vamos entrando en una relación más profunda con Cristo. Tal vez cuando empezamos esta relación dependíamos en gran medida de fotos, o imágenes mentales de esta persona, pero a medida que maduramos, a medida que vamos siendo más capaces de tener una relación humana, esta foto, esta imagen mental de Cristo, va cediendo el paso cada vez más al encuentro con la persona real. Este encuentro que ocurre fundamentalmente en el ámbito de nuestro corazón, de nuestra experiencia personal, luego se ve hermosamente enriquecido en la Eucaristía, en las Escrituras, en la comunidad, en todos los otros caminos en los que también encontramos a la persona resucitada de Jesús. El Espíritu siempre está trabajando en nosotros, preparándonos para verlo, para que veamos a Jesús más claramente.
Creo que el punto de partida es saber que Jesús nos está buscando, somos su oveja perdida. En los Evangelios, Jesús habla más de Dios buscándonos que sobre la obligación humana de buscar a Dios. Nuestra fe en Jesús se basa en esta confianza que habita en nosotros, buscándonos en el sentido de que al buscarnos nos aparta de nuestro ego y nos lleva hacia dentro de nuestro verdadero ser. Ese es el viaje de la oración Cristiana: con Jesús, en el Espíritu, hacia el Padre.
Por Fr. Laurence Freeman. OSB
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jueves, 5 de noviembre de 2009

Obispado de San Justo, Bs. As. sobre uniones homosexuales

Un perro es un perro y un gato es un gato. Las uniones homosexuales no son un matrimonio son “un verdadero antimatrimonio”. Legalizarlas sería promover el “mal común”.
Aunque resulte una obviedad, hoy hay que explicar que un perro es un perro y un gato es un gato; ambos son mamíferos, vertebrados y cuadrúpedos; pero cada uno debe tener su propia denominación. Con este irrefutable argumento, los obispos de San Justo iniciaron la carta que en el día de la fecha le dirigieron al presidente de la Cámara de Diputados de La Nación, Dr. Eduardo Fellner, y por su intermedio a todos los diputados nacionales.

El obispo de La Matanza, Mons. Baldomero Martini , y su obispo auxiliar, Mons. Damián Bitar, manifestaron a través de la misiva su preocupación por los proyectos de ley que pretenden darle a las uniones del mismo sexo el status jurídico del matrimonio.
El matrimonio, unión estable de un varón y una mujer abierta a la vida, no tiene nada que ver con las convivencias homosexuales, afirmaron.
“Es también evidente que los matrimonios de verdad –no las caricaturas de los mencionados proyectos de ley-, son necesarios para la subsistencia y el progreso de la República Argentina ”. Expresando seguidamente que eso “ya lo descubrió Aristóteles cuatro siglos antes del nacimiento de Cristo. El bien común depende de las familias fundadas en verdaderos matrimonios. Y es esa función insustituible de bien común, la que justifica la regulación especial y privilegiada del matrimonio y la familia”.
Tras defender enfáticamente la familia (con fundamentos que van desde el sentido común hasta lo jurídico, pasando por aspectos teológicos, antropológicos, políticos y demográficos) concluyeron: “las uniones homosexuales no son ni podrán ser nunca un matrimonio –sino más bien todo lo contrario: un verdadero antimatrimonio-, además, su promoción va directamente contra el bien común –para transformarse en un verdadero mal común-“.
Con celo pastoral recordaron que en el Juicio Universal nos juzgará a todos el Justo Juez “y allí no habrá inmunidad parlamentaria que valga”. Pidieron finalmente el pronto archivo de los expedientes.
A continuación el texto completo de la misiva:
San Justo, 4 de Noviembre de 2009
Al Señor Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación
Dr. Eduardo Alfredo Fellner
Estimado Señor Diputado:
Reciba nuestros más cordiales saludos y deseos de Paz y Bien en Jesucristo, Señor de la Historia; que le rogamos extienda a todos los integrantes de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, remitiéndoles una copia de la presente.
Las circunstancias nos obligan a escribirle en nuestro doble carácter, de ciudadanos y Obispos, Titular y Auxiliar de la Diócesis de San Justo - La Matanza-. El bien común temporal es el fin de toda actividad política -y la legislativa lo es en grado sumo-, no es ajeno a nuestro ministerio episcopal, cuya finalidad es también el bien común, aunque en un sentido más amplio. Precisamente esta convergencia en el bien común de nuestras tareas, es la que requiere dirigirnos a Ud. y, por su intermedio, a todos los Señores Diputados de la Nación, para que tengan en cuenta estas consideraciones, referidas a diversos proyectos de ley, en estudio en vuestra honorable Cámara. Me refiero en concreto a los expedientes cuyos números de ingreso son: 1854-D -2008 y 1737-D-2009, referidos a la pretensión de legalizar las uniones del mismo sexo con el status jurídico del matrimonio.
Al respecto, resulta obvio decir que cada cosa diferente debe tener su propia denominación. Por ejemplo, no se puede llamar perro indistintamente al gato y al perro; puesto que son dos animales diferentes. Ambos son mamíferos, vertebrados y cuadrúpedos, pero ¿qué duda cabe que un perro es un perro y un gato es un gato?, son dos realidades diferentes.
Con relación a estos proyectos de ley, nos vemos en la obligación de explicar a los diputados firmantes de los mismos que, así como un perro no es un gato ni viceversa, la unión estable de un varón y una mujer abierta a la vida –desde siempre conocida como matrimonio, que deriva del latín matri munus, o sea “el oficio de la madre”, es algo completamente diferente a cualquier otro tipo de unión con connotaciones sexuales. En las convivencias homosexuales va de suyo que no hay madre posible, ni nadie que realice su misión, tampoco hay marido ni mujer, no hay esposos, no hay hijos... En síntesis, no hay nada que tenga que ver con el matrimonio.
En un análisis sintético pero más profundo de la cuestión, es también evidente que los matrimonios de verdad –no las caricaturas de los mencionados proyectos de ley-, son necesarios para la subsistencia y el progreso de la República Argentina. Necesitamos más habitantes que aseguren el recambio poblacional, y que nos permitan con su trabajo, hacer producir las inmensas riquezas naturales de nuestra Patria común. Ya lo descubrió Aristóteles cuatro siglos antes del nacimiento de Cristo. El bien común depende de las familias fundadas en verdaderos matrimonios. Y es esa función insustituible de bien común, la que justifica la regulación especial y privilegiada del matrimonio y la familia.
En cambio, las uniones del mismo sexo, no sólo no edifican el bien común, sino que lo dificultan seriamente. Significan por definición: menos matrimonios, menos hijos, menos familias. Si ese efecto negativo fuera promovido por las leyes, ya no se podría hablar de “bien” común, sino que habría que calificarlo como una legislación que promueve el “mal común”. Lamentablemente debemos constatar que estamos en presencia de una decadencia moral, que cuando es profunda y estable, termina afectando la capacidad de percibir la realidad tal cual es. Por lo tanto, el bien común exige no legalizar ni promover estas uniones antimatrimoniales.
Para favorecer a las mismas se esgrimen razones afectivas y se aduce que no podrían coartarse los afectos de dichas personas. En realidad, ni el derecho ni las leyes se meten con los afectos de nadie. Si los afectos tuvieran alguna relevancia jurídica, habría por ejemplo: un registro de amigos, el afecto más natural y abarcativo en la vida de toda persona humana; además, en materia de matrimonio, sería un requisito para la validez del mismo, que haya amor entre los contrayentes. Sin embargo, jamás existieron ni una cosa ni la otra. Sencillamente porque los afectos quedan al margen de todo ordenamiento jurídico. Si los cónyuges se casan por amor, por dinero o cualquier otro interés, es asunto suyo. No interesa a las leyes ni a los jueces. Únicamente les incumbe a ellos y al Justo Juez que los juzgará –como a todos, y allí no habrá inmunidad parlamentaria que valga-, en el Juicio Universal.
No podemos dejar de subrayar que se aduce a favor de dicha regulación, la necesidad de contar con una protección jurídica por diversas razones de tipo económico. Esto es igualmente falso. En efecto: en materia de previsión social, cada homosexual puede –y debe- aportar a la Caja de Jubilaciones y Obra Social que le corresponda, y tendrá la cobertura que corresponda en justicia a cualquier ciudadano. Va de suyo, que sería injusta la pretensión de alguna pensión como conviviente. Ello por muchos motivos, ya que también conviven hermanos, tíos con sobrinos u otros parientes, sin que ello de lugar a pensión de ninguna naturaleza. Simplemente porque la pensión es justa cuando premia a quien, para atender a la familia –en especial a los hijos-, no pudo trabajar fuera de su casa, o lo hizo en forma limitada. Pero aquí no hay familia, ni sacrificio de ninguna especie. Es más, si se dieran pensiones a los convivientes del mismo sexo, necesariamente disminuiría la compensación a los verdaderos esposos, que como fruto de su amor hacen posible la subsistencia de la Nación. Tales prestaciones serían gravemente injustas y contrarias al bien común. Un nuevo “mal común”.
Y en cuanto a la adquisición y disposición de los bienes, las reglas jurídicas del condominio y la sociedad de hecho son suficientes para proteger económicamente a los convivientes del mismo sexo. Se que este es un punto sensible, por la sencilla razón que las convivencias homosexuales son de una notable fragilidad; en general duran muy poco como muestran todas las estadísticas de todos los países del mundo. No se trata de una observación académica, pero apunta al corazón antropológico de la cuestión: el que es igual no puede complementarme, puesto que sólo puede aportarme lo que ya poseo y, por eso mismo, no lo necesito. Todos los seres humanos tenemos la certeza de nuestra imperfección, no sólo porque hay quienes tienen nuestras mismas dotes de modo más elevado, sino que nuestra falta de perfección es aún más profunda: la especie humana se integra con los dones y el genio de la mujer, más los dones y el genio del varón. Solos, siempre estaremos incompletos.
Finalmente, debemos recordar a los Señores Diputados, que los tratados de derechos humanos con jerarquía constitucional, sólo reconocen la familia basada en el matrimonio heterosexual (Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, art. 23, inc. 2 y Convención Americana sobre Derechos Humanos, art. 17, inc. 1, entre otros textos). Los proyectos de marras son, pues, inconstitucionales.
Ahora bien, y para concluir: si las uniones homosexuales no son ni podrán ser nunca un matrimonio –sino más bien todo lo contrario: un verdadero antimatrimonio-, además, su promoción va directamente contra el bien común –para transformarse en un verdadero mal común-. Y a ello, le añadimos que los afectos quedan al margen del derecho y las leyes; y que existen otras alternativas ya legisladas, que son aptas para regular las relaciones económicas entre los integrantes de dichas uniones. Sumados todos estos elementos explicados muy sintéticamente, va de suyo que dichos proyectos de ley deben ser archivados lo antes posible.
Señor Presidente y distinguidos Señores Diputados, reciban Uds. un afectuoso saludo, nuestra bendición y oración por vuestra importante tarea legislativa, todo ello en Cristo Jesús , que es la Vida y la fuente de todos los auténticos valores.
¡ DIOS ES AMOR!
Baldomero Carlos Martini , Obispo de San Justo
Damián Santiago Bitar, Obispo Auxiliar de San Justo
Fuente: notivida.org
Editado por Antonio
Administrador del blog
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